martes, 13 de octubre de 2026

SANTOS FAUSTO, GENARO Y MARCIAL, Mártires


13 de octubre


 

SANTOS FAUSTO, GENARO
Y
MARCIAL,

Mártires
(¿304? P. C.)

   Prudencio llama a estos santos "las tres Coronas de Córdoba". Su martirio tuvo lugar en aquélla ciudad Andaluza. Primero Fausto, después Genaro y finalmente Marcial, que era el más joven, fueron atormentados en el potro. El juez ordenó a los verdugos que intensificasen gradualmente la tortura hasta que los mártires se decidieran a ofrecer sacrificios a los dioses. Fausto gritó: "¡No hay más que un Dios, que es nuestro Creador!" El juez mandó que le cortasen la nariz, las orejas, los párpados y el labio inferior. A medida que le cortaban esas partes, el mártir prorrumpía en un himno de acción de gracias. Genaro no salió mejor librado que su compañero y, entretanto, Marcial presenciaba con gran constancia el horrible espectáculo, tendido en el potro. El juez le exhortó a obedecer el edicto imperial; pero Marcial respondió resueltamente: "Jesucristo es mi único consuelo. Sólo hay un Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien sean dados todo honor y toda gloria". Los tres mártires fueron condenados a perecer quemados vivos y ofrecieron jubilosamente sus vidas en Córdoba, España.

 

SAN EDUARDO, Rey y Confesor

13 de octubre

SAN EDUARDO,*
Rey y Confesor

Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión
del Reino que os está preparado desde 

la creación del mundo
(Mateo, 25, 34).


   Eduardo III, sabio y profundo legislador, pasó primero 35 años en Normandía durante el reinado de los invasores normandos. Llamado a Inglaterra por el concierto unánime de las voluntades, hizo florecer en ella la justicia y la paz. Edificó numerosas iglesias y fundó la abadía de Westminster. Extremadamente caritativo, llevó un día a un pobre en sus espaldas y le dio una sortija de gran valor. Nada rehusaba de lo que se le pedía en nombre de San Juan Evangelista, el cual le advirtió sobre la hora de su muerte, acaecida en 1066 a la edad de 65 años.
 
MEDITACIÓN
SOBRE SOBRE LA FELICIDAD
DEL HOMBRE EN ESTA VIDA
 
   I. Tres cosas pueden hacernos felices, tanto al menos cuanto lo podemos ser en este lugar de destierro. La primera es la buena conciencia: sin ella, ni los placeres, ni los honores, ni el cumplimiento de todos nuestros deseos podrían contentarnos. Si tienes el alma pura, todo lo desagradable que pueda sucederte no debe turbarte. ¡Qué consuelo poder decirse: Hago lo que depende de mi para estar bien con Dios! ¿Puedes, tú, con verdad, decirlo? ¿No te reprocha nada tu conciencia?
 
   II. La segunda condición para ser feliz es abandonarse generosamente a la providencia de Dios, consagrarse a Él sin reserva, no querer sino lo que El quiere y recibir de su mano con agradecimiento el bien y el mal, pues lo uno y lo otro son efectos de su bondad. Las aflicciones, el ayuno, las enfermedades, no son penosos para los que los soportan, sino solamente para los que los reciben a disgusto. (Salmo).
 
   III. La tercera condición es considerar cuál es voluntad de Dios en todo lo que nos acaece. Dios tiene sus designios y el demonio los suyos. ¿Cuál es el designio de Dios en esta enfermedad que te envía? Que la soportes con resignación, mediante el pensamiento de la muerte y del paraíso. El demonio, por su lado, quiere arrojarte en la impaciencia y en la murmuración. Dios es tan bueno que no permitiría más que sucediese ningún mal en el mundo, si no fuese Lo suficientemente poderoso como para sacar bien del mal. (San Agustín).
 
         Conformidad con la voluntad de Dios
          Orad por los que os gobiernan.
 
ORACIÓN
   Oh Dios, que habéis coronado con la gloria eterna al bienaventurado rey Eduardo, vuestro confesor, haced, os Lo suplicamos, que honrándolo en la tierra, podamos reinar un día con él en el cielo. Por J. C. N. S.  Amén.

 * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

MARTES DE LA VIGÉSIMA OCTAVA SEMANA

PRIMERA LECTURA
Da lo mismo estar circuncidado o no; lo único que cuenta es una fe activa en la practica del amor
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 31b─5, 6
Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado.
Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.
Mirad lo que os digo yo, Pablo: Si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada.
Lo afirmo de nuevo: El que se circuncida tiene el deber de observar la ley entera.
Los que buscáis ser aceptados por Dios en virtud de la ley, habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia.
Para nosotros, la esperanza del perdón que aguardamos es obra del Espíritu, por medio de la fe, pues, como cristianos, da lo mismo estar circuncidado o no estarlo; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 118, 41. 43. 44. 45. 47. 48
V/. Señor, que me alcance tu favor.
R/. Señor, que me alcance tu favor.
V/. Señor, que me alcance tu favor, tu salvación, según tu promesa. R/.
V/. No quites de mi boca las palabras sinceras, porque yo espero en tus mandamientos. R/.
V/. Cumpliré sin cesar tu voluntad, por siempre jamás. R/.
V/. Andaré por un camino ancho, buscando tus decretos. R/.
V/. Serán mi delicia tus mandatos, que tanto amo. R/.
V/. Levantaré mis manos hacia ti, recitando tus mandatos. R/.

EVANGELIO
Dad limosna, y lo tendréis limpio todo
+Lectura del santo Evangelio según San Lucas 11, 37-41
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa.
El entró y se puso a la mesa.
Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.
Palabra del Señor.