viernes, 16 de octubre de 2026

SAN GALO, Abad

16 de octubre
SAN GALO,*
Abad
Por cuanto eres tibio, y ni frío ni caliente,
estoy para vomitarte de mi boca.
(Apocalipsis, 3, 16).


   San Galo, discípulo de San Colombano, a quien acompañó de Irlanda a Francia, habiéndose retirado a una gruta, encontró en ella a un oso al cual ordenó le trajese leña y que se fuese después: el animal obedeció. Libró a la hija del duque Gunzo de un demonio que la atormentaba. Este duque le ofreció un obispado que el santo rehusó. Aceptó sin embargo otros presentes y los distribuyó entre los pobres. Fundó el célebre monasterio de San Galo, en Suiza, y murió en el año 641 ó 645.
 
MEDITACIÓN
SOBRE LA TIBIEZA ESPIRITUAL
   I. Llámase tibio a quien sirve a Dios con negligencia; no comete pecado mortal porque teme el infierno, pero no se esfuerza por evitar los pecados veniales. El alma tibia cumple su deber con negligencia, va repitiendo que se contenta con el último lugar del Paraíso; en una palabra, hace solamente aquello que no puede omitir sin pecar gravemente. ¿No es, acaso, el estado en que tú te encuentras? ¿Qué cuidado pones en ejecutar todas tus acciones para agradar a Dios? ¿Por ventura evitas hasta las faltas más pequeñas?
   II. Dios amenaza al tibio con vomitarlo de su boca. Las ofensas que recibe de los malos le son menos sensibles que las que recibe de un hombre que hace profesión de ser su amigo y su hijo. Este hombre puede hacer el bien y no lo hace. Escucha lo que dice San Ambrosio: Más le valiera al alma tibia no haber recibido la fe que descuidarla.
   III. Tú, que estás en este estado, fuiste fervoroso o siempre permaneciste en esta funesta tibieza. Si has sido fervoroso, confesarás que es más agradable darse generosamente a Dios, que querer dividir el corazón entre Dios y el mundo. En efecto, en este estado de tibieza, no recibirás ningún consuelo del cielo, y el temor al infierno te impide gozar de los placeres de la tierra. Si siempre has sido tibio, ¡ah, por caridad! gusta el placer que se halla dándose por entero a Dios. El que te ha redimido todo entero exige que te des a Él por entero. (San Agustín).
 
El fervor
Orad por el aumento de la devoción. 
 
ORACIÓN
   Haced, os lo suplicamos, Señor, que la intercesión del santo abad Galo nos haga agradables a vuestra Majestad, a fin de que obtengamos, por sus ruegos, las gracias que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S. Amén.

SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE, Virgen



16 de octubre

SANTA MARGARITA MARÍA,*
Virgen

Vosotros lloraréis y gemiréis, y el mundo
se regocijará; os contristaréis, pero vuestra
tristeza se convertirá en gozo.
(Juan, 16, 20).

   Santa Margarita María Alacoque, rehusando un ofrecimiento de matrimonio, entró a la edad de 24 años, en el convento de las Visitandinas de Paray-le-Monial, donde dio los más hermosos ejemplos de paciencia y humildad. Recibió, el 27 de diciembre de 1673, la primera de sus grandes visiones del Sagrado Corazón, que terminaron en 1675. Su vida, en adelante, estuvo consagrada al establecimiento de esta devoción y, en particular, al de la fiesta del Sagrado Corazón. Murió en 1690.

MEDITACIÓN
SOBRE LA PASIÓN DE JESUCRISTO
 

   I. Contempla a Jesús clavado en la cruz, mira cuánto sufre en todo su cuerpo. Su sagrada cabeza está coronada de espinas, su rostro magullado, sus manos y sus pies taladrados; todo su cuerpo, en fin, está cubierto de llagas y es presa de los dolores más crueles. ¡He ahí el estado en que se encuentra Jesús, mi Cabeza, mi Rey y mi modelo! Es menester que me asemeje a Él, en esto consiste mi perfección y mi dicha. ¡Ay! vivo en medio de placeres mientras Jesús es colmado de oprobios y sufrimientos. No conviene que los miembros sean afeminados cuando la cabeza está coronada de espinas. (San Bernardo).

   II. El Corazón de Jesús estaba sumergido en amargura y dolores tanto como su cuerpo. Él preveía que sus sufrimientos serían inútiles para la mayor parte de los hombres. Tenía piedad del enceguecimiento de los judíos. Estaba afligido más de lo que se puede imaginar, por la tristeza, los suspiros y las lágrimas de su Madre, al pie de la cruz con el discípulo amado. ¡Oh espectáculo doloroso! ¿Puedo yo contemplar a Jesús y a María en este estado sin derramar lágrimas, sin compadecer los dolores del Hijo y la aflicción de la Madre?

   III. Para librarme del infierno, Jesús soportó esta muerte tan ignominiosa y tan cruel. Estaba yo perdido sin remedio si no hubiera muerto Él por mí. ¡Nada había hecho para merecer este favor; y aun ahora ni siquiera pienso en él! No sólo no doy mi sangre por este Dios que murió por mí, sino que le rehúso una lágrima, un suspiro; ¡añado nuevos pecados a mis faltas antiguas! Reconoce cuán grave es la herida del pecado, puesto que fueron menester, para curarlo, las heridas de Jesucristo. (San Bernardo).

Meditación sobre la pasión
Orad por la conversión de los cismáticos.

ORACIÓN
   Señor Jesucristo, que habéis revelado de admirable modo a la bienaventurada Virgen Margarita las inagotables riquezas de vuestro Corazón, concedednos por sus méritos que como ella os amemos en todas las cosas y por sobre todo, y que siempre tengamos nuestra morada en vuestro corazón. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.



  • * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

SANTA EDUVIGIS, Duquesa de Polonia, Viuda

16 de octubre
SANTA EDUVIGIS,

Duquesa de Polonia
Viuda


   Santa Eduvigis fue hija del príncipe Bertoldo, duque de Carintia, marqués de Moravia y conde del Tirol. Era hermana de Santa Gertrudis y tía de Santa Isabel de Hungría. Siendo aún niña dispusieron sus padres que se educase en el monasterio de Benedictinas de Lutzing, donde tenía todas sus delicias en pasar largas horas de oración delante de una imagen de la santísima Virgen. Nunca la deslumbró el resplandor de su nobleza, y si hubiese podido resistirse a la voluntad de sus padres, jamás hubiera tomado otro esposo que a Jesucristo. Pero quiso el Señor que la santa fuese un ilustre modelo de perfección en el estado del santo matrimonio; y a la temprana edad de sólo doce años la casaron con el príncipe Enrique, duque de Silesia y de Polonia. Su primer cuidado fue estudiar el genio y las inclinaciones del duque su marido para complacerle y ganarle el corazón, y logrólo con tan buen suceso, que fue uno de los más cristianos y virtuosos príncipes de Alemania. Tuvo de él tres hijos y tres hijas, a los cuales crió ella por sí misma con tal acierto, que fueron más tarde la gloria de varias cortes de Europa. Hicieron después los dos esposos voto de perfecta continencia en manos del obispo, y desde aquel día entablaron una vida de mayor santidad y perfección. La santa daba de comer en su palacio a gran número de huérfanos pobres, y persuadió al duque su marido que fundase el célebre monasterio de Trebnitz, gobernado por las religiosas del Císter, donde eran recibidas cuantas viudas y doncellas deseaban consagrase a Dios. Eran asperísimas las penitencias que hacía la santa, andaba los pies descalzos por el hielo dejando en él huellas ensangrentadas. Habiendo entrado Conrado, duque de Kirne, en las tierras del duque de Polonia, dióle éste una batalla en la cual quedó herido y prisionero. Como se resistiese Conrado a ponerle en libertad a pesar de las razonables condiciones que se le propusieron, determinó la santa presentarse en la corte del enemigo. Al verla Conrado en su presencia, se llenó de un respetuoso terror y le concedió todo lo que pedía. Murió poco después el virtuoso duque y su santa esposa le vio expirar con ojos enjutos, diciendo: «Todos debemos recibir con humilde rendimiento, en vida y en muerte las amorosas disposiciones de Dios». Favorecióla nuestro Señor con el don de milagros y de profecía; predijo el día de su muerte mucho antes de su última enfermedad. Después de haber vivido por espacio de cuarenta años con grandes rigores, recibidos los santos sacramentos dio su alma al Creador. Veinticinco años después de su muerte fue hallado su sagrado cadáver consumidas todas las carnes, menos los tres dedos de la mano izquierda con que tenía asida una imagen de la santísima Virgen, que toda la vida había llevado consigo.


REFLEXIÓN

   ¿Quién hallará una mujer fuerte como dice el Sabio en los Proverbios? Tal será sólo aquella que, a imitación de santa Eduvigis, sea verdaderamente virtuosa, y que ponga todas sus aficiones, no en las galas, modas y otras vanidades por el estilo, sino en cumplir exactamente con las obligaciones de su estado, en vivir bien con su marido, en conservar la unión y la paz en la familia, cuidar el buen orden de su casa y educar cristianamente a sus hijos. 


ORACIÓN

   ¡Oh Dios! que enseñaste a la bienaventurada Eduvigis a renunciar de todo corazón a las pompas del mundo por seguir con humildad el camino de tu cruz; concédenos por sus méritos que aprendamos, a ejemplo suyo a menospreciar las perecederas delicias de este siglo y a vencer por tu amor todas las adversidades de esta vida. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén

VIERNES DE LA VIGÉSIMA OCTAVA SEMANA

PRIMERA LECTURA
Ya esperábamos en Cristo, y también vosotros habéis sido marcados con el Espíritu Santo
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 1, 11-14
Hermanos: Con Cristo hemos heredado también nosotros, los israelitas.
A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad.
Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.
Y también vosotros ─que habéis escuchado la Verdad, la extraordinaria noticia de que habéis sido salvados, y habéis creído─ habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido; el cual ─mientras llega la redención completa del pueblo, propiedad de Dios─ es prenda de nuestra herencia, para alabanza de su gloria.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 32. 1-2. 4-5. 12-13
V/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

V/. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos; dad gracias al Señor con la citara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.
V/. La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R/.
V/. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. R/.

EVANGELIO
Los pelos de vuestra cabeza están contados

+Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 1-7
 

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros.
Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos: Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía.
Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis de noche, se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano, se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más.
Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar en el fuego.
A ése tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos ? Pues ni de uno solo se olvida Dios.
Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados.
Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Palabra del Señor.

jueves, 15 de octubre de 2026

SANTA TERESA DE JESÚS, Virgen y Doctora de la Iglesia



15 de octubre

SANTA TERESA,* 
 Virgen

Así, pues, con gusto me gloriaré en mis flaquezas,
a fin de que la fuerza de Cristo habite en mi.

(2 Corintios, 12, 9).

   Santa Teresa, española de noble alcurnia, partió de su casa a la edad de siete años, con su hermano Rodrigo, en busca del martirio entre los moros; un tío frustró su intento volviéndolos a casa. A los veinte años entró en el Carmelo, y encontró en él un verdadero martirio en las austeridades que practicó, en las enfermedades del cuerpo y arideces del espíritu que padeció durante veinte años, en las calumnias que debió padecer y en las contradicciones que encontró en su empresa de reformar la Orden. Murió en 1582, a la edad de 67 años. Sus profundos escritos le han merecido el título de Doctora de la Iglesia.

MEDITACIÓN SOBRE 
SANTA TERESA

   I. Santa Teresa vio a un Serafín que le transverberaba el corazón con un dardo inflamado. Desde entonces no pensó ya sino en amar a Dios, extender su gloria y convertir a los pecadores, diciendo que se quedaría feliz en el Purgatorio hasta el día del Juicio si con ello pudiese convertir aunque no fuera sino a un alma. Todos los bienes que Dios me prodiga, todas las gracias que me concede, son como otros tantos dardos que deberían inflamar mi corazón de amor a Dios. Señor, me ordenáis que os ame: dadme la gracia de cumplir vuestras órdenes y ordenadme lo que os plazca. (San Agustín).

   II. "¡O padecer o morir!". En este lema de Santa Teresa, encontramos los dos efectos de su amor. ¡Quiere sufrir para asemejarse a Aquél a quien ama! Esta santa busca la cruz y tú la huyes; ella quiere vivir sólo para padecer y tú quieres vivir sólo para divertirte. Que en adelante su lema sea el tuyo.

   III. Santa Teresa anhela morir una vez que nada tenga ya para sufrir en este mundo, a fin de ir a ver a Dios, único objeto de su amor. ¿Anhelas tú la muerte? Por el contrario, la temes como fin de tu felicidad y comienzo de tus sufrimientos, porque te gozas con el mundo. Lo que debes temer es el juicio de Dios. Puedes evitar el rigor de este juicio viviendo una vida santa. En cuanto a la muerte, no debes temerla, puesto que no puedes sustraerte a ella. Nadie debe temer lo que no puede evitar. (Tertuliano).

El amor a los sufrimientos
Orad por la Orden del Carmelo

ORACIÓN
   Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y haced que, al alegrarnos con la fiesta de Santa Teresa, seamos alimentados con el pan de su celestial doctrina y abrasados con los sentimientos de su tierna piedad. Por J. C. N. S. Amén.


  • * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)

SANTA TERESA DE JESÚS, Virgen y Doctora de la Iglesia, Fiesta


PRIMERA LECTURA
Lo llena de sabiduría e inteligencia
Lectura del libro del Eclesiástico 15, 1-6
El que teme al Señor obrará así, observando la ley, alcanzará la sabiduría. Ella le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como la esposa de la juventud; lo alimentará con pan de sensatez y le dará a beber agua de prudencia; apoyado en ella no vacilará y confiado en ella no fracasará; lo ensalzará sobre sus compañeros, para que abra la boca en la asamblea; lo llena de sabiduría e inteligencia, lo cubre con vestidos de gloria; alcanzará gozo y alegría, le dará un nombre perdurable.
Palabra de Dios

Salmo responsorial Sal 88, 2-3. 6-7. 8-9. 16-17. 18-19
R. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R.

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R.

EVANGELIO
Soy manso y humilde de corazón
+Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús:
-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Palabra del Señor

miércoles, 14 de octubre de 2026

SAN CALIXTO, Papa y Mártir



14 de octubre

SAN CALIXTO,* 
Papa y Mártir

Dad gracias en todo tiempo
y por todo a Dios Padre,
en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo.
(Efesios 5, 20)

   San Calixto gobernó la Iglesia bajo el reinado del emperador Heliogábalo. Edificó una basílica al otro lado del Tiber, y agrandó las catacumbas situadas sobre la vía Apia que desde entonces llevan su nombre. Opuso el ayuno y las lágrimas a los goces insensatos de los paganos y todo emprendía para extender el reino de Jesucristo. Su celo apostólico fue coronado por el martirio, hacia el año 222, después de cuatro años de pontificado.

MEDITACIÓN
SOBRE LA INGRATITUD

   I. Estás obligado a agradecer a Dios por todas las gracias que te ha concedido. ¿Cuántas has recibido? Muchas conoces pero más aun ignoras. ¿Le has agradecido alguna vez que te haya creado, que te haya conservado la vida? Te ha redimido, te ha hecho nacer de padres cristianos, te ha dado riquezas, salud e ingenio. Agradécele todos estos favores. Señor, soy todo vuestro, me ofrezco todo a Vos.

   II. La ingratitud ciega la fuente de las gracias. Dios es celoso de su gloria, no permite que le sea sustraída; no agradecerle, es privarlo del honor que se le debe, es obligarlo a que no te conceda lo que después le pidas. Dios mío, os daré gracias no sólo de la prosperidad sino también de la adversidad, pues todo lo que me sucede, excepto el pecado, es efecto de vuestra bondad para conmigo. Somos extrañamente ingratos: no agradecemos a Dios sino cuando nos colma de bienes terrenos, que, sin embargo, a menudo son perjudiciales para nuestra salvación. Aprendamos a agradecer a Dios no sólo en la prosperidad, sino también en la adversidad. (San Gregorio).

   III. Hay tres grados en la ingratitud. El primero es olvidar los beneficios; el segundo, devolver mal por bien; el tercero, servirse de los beneficios recibidos para ofender al bienhechor. ¿Cuántas veces no te has servido tú del ingenio, de la salud, de las riquezas o de los talentos que Dios te ha dado, para ofenderle? Si olvidas a Dios cuando te beneficia, Él te enviará aflicciones para volverte al cumplimiento de tu deber. Aprende el orden de la divina Providencia: si no se reconoce a Dios en sus beneficios, se lo reconocerá en sus castigos. (San Cipriano).

La humildad
Orad por vuestros benefactores.

ORACIÓN
   Oh Dios, que veis nuestra impotencia para hacer el bien, dignaos fortificarnos en vuestro amor mediante los ejemplos de vuestros santos. Por J. C. N. S. Amén.


  • * Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. Tomo II, (Ed. ICTION, Buenos Aires, 1982)