jueves, 20 de agosto de 2026

SAN BERNARDO, Abad y Doctor


20 de agosto 
SAN BERNARDO,
Abad y Doctor


Cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre,
que está en los cielos, ése es mi hermano
y mi hermana, y mi madre.
(Mateo, 12, 50).

   
San Bernardo, nacido en 1090 de noble familia en Fontaines-les-Dijon, entró en la abadía de Císter, acompañado de sus hermanos, y otros veintiséis nobles. Más grande aun por sus virtudes que por su genio, rehusó los arzobispados de Reims, de Génova y de Milán, declarándose indigno de tal honor. Llegó a ser el árbitro de los obispos, de los reyes y de los papas. Predicó una cruzada con prodigioso éxito y fundó una multitud de monasterios. Al mismo tiempo fue un gran taumaturgo y el azote de las herejías. Escribió numerosas obras en las que brilla una doctrina totalmente celestial, que parece fruto de inspiración divina más que resultado del trabajo. Murió en 1153, y fue proclamado, por Pío VIII, Doctor de la Iglesia universal.

JUEVES DE LA VIGÉSIMA SEMANA

PRIMERA LECTURA
Os daré un corazón nuevo y os infundiré mi espíritu
Lectura del Profeta Ezequiel 36, 23-28
Así dice el Señor: Mostraré la santidad de mi nombre grande, profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de ellos; y conocerán los gentiles que yo soy el Señor —oráculo del Señor—, cuando les haga ver mi santidad al castigaros.
Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo y os
infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19
V/. Derramaré sobre vosotros un agua pura y os purificaré de todas vuestras inmundicias.
R/. Derramaré sobre vosotros un agua pura y os purificaré de todas vuestras inmundicias.
V/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R/.
V/. Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. R/.
V/. Los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias. R/.

EVANGELIO
A todos los que encontréis convidadlos a la boda
+Lectura del santo Evangelio según San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo.
Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto.
Venid a la boda.
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.
Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos.
La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.
Palabra del Señor.

miércoles, 19 de agosto de 2026

SAN JUAN EUDES, Confesor

19 de agosto 
SAN JUAN EUDES, 
 
Confesor



   En la noche de Navidad de 1625, en la capilla del Oratorio de París, capilla y altar dedicados a la Santísima Virgen, decía su primera misa un joven sacerdote normando. Aquel mismo día hizo el voto de perpetua servidumbre a Jesús y María.
   No habían pasado aún dos años desde que, atraído por la doctrina espiritual y prendado por los planes apostólicos del célebre cardenal De Bérulle, había ingresado en el Oratorio. ¿Quién podía vislumbrar en aquellos momentos cuál iba a ser el futuro brillante, aunque doloroso, del novel sacerdote?
   Su vida sería larga: ochenta años. El voto de servidumbre que acababa de recitar la resumiría perfectamente. Juan Eudes no viviría para sí, sino para Jesús y María. Necesitaría todo su tesón normando para no cejar en aquélla batalla continua y dura, que cubriría toda su vida sacerdotal. Habría de luchar y sufrir por la salvación de sus hermanos y la gloria de Jesús y María. Era lo único que le interesaba.

SAN LUIS, Obispo y Confesor




19 de agosto
SAN LUIS,
Obispo y Confesor




Que vuestra modestia sea conocida de todos los
hombres, pues el día del Señor está cerca.(Filipenses, 4, 5)

   
San Luis, hijo de Carlos II, rey de Nápoles, y sobrino nieto de San Luis, rey de Francia, fue dado como rehén a Pedro, rey de Aragón. Vuelto a la libertad, rechazó un magnífico casamiento y la corona de Nápoles, para permanecer fiel al voto que durante su cautividad había emitido de entrar en la Orden de San Francisco. "Jesucristo -dijo el santo- es mi reino: poseyéndolo, poseo todo; si lo perdiese, pierdo todo". Elevado, no obstante su resistencia, a la sede episcopal de Tolosa, edificó a su pueblo con una caridad sin límites y una admirable modestia. Siempre iba acompañado por un religioso encargado de decirle sus faltas. Murió prematuramente, en el año 1297, contando apenas 23 años de edad.

MIÉRCOLES DE LA VIGÉSIMA SEMANA

PRIMERA LECTURA
Libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar
Lectura del Profeta Ezequiel 34, 1-11
En aquellos días, me vino esta palabra del Señor: Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles: ¡Pastores! esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos ! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores ? Os coméis su enjundia, os vestís con su lana; matáis las más gordas, y las ovejas no las apacentáis.
No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis las descarriadas, ni buscáis las perdidas, y maltratáis brutalmente a las fuertes.
Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo.
Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase siguiendo su rastro.
Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: ¡Lo juro por mi vida! —oráculo del Señor—.
Mis ovejas fueron presa, mis ovejas fueron pasto de las fieras del campo, por falta de pastor; pues los pastores no las cuidaban, los pastores se apacentaban a sí mismos; por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: Esto dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores: les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas.
para que dejen de apacentarse a sí mismos los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar.
Así dice el Señor: Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas.
siguiendo su rastro.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
V/. El Señor es mi Pastor, nada me falta.
R/. El Señor es mi Pastor, nada me falta.
V/. El Señor es mi Pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R/.
V/. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
V/. Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R/.
V/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R/.

EVANGELIO
¿Vas a tener tú envidia porque soy yo bueno?
+Lectura del santo Evangelio según San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña.
Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido.
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado.
El les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.
El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia.
¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete.
Quiero darle a este último igual que a ti.
¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.
Palabra del Señor.

martes, 18 de agosto de 2026

SANTA ELENA, Emperatriz

18 de agosto
SANTA ELENA * Emperatriz

   No, no durmió sus sueños de recién nacida entre los encajes de una cuna imperial. Fue en un pobre cortijo de Deprano, en Nicomedia, donde vio la luz, en el 248 ó 249, aquélla niña, escasa de bienes de fortuna, sobre la que Dios tenía planes estupendos. Así nos lo dijo San Ambrosio, que vivió en una época inmediata a la de nuestra Santa.
   Nos figuramos a Elena en su adolescencia y juventud trabajando en el mesón de su padre. Atendiendo a todo, trajinando para tener las dependencias limpias y la comida sabrosa y a punto, obsequiosa con sus huéspedes... Siempre sencilla, humilde, recatada, sonriente. Era pagana, sí, porque de familia pagana había nacido, pero sentía en su corazón el vacío de aquellas falsas divinidades.
   Hacía unos años que había unas persecuciones horribles contra los cristianos, desencadenadas por los propios emperadores de Roma, que los mandaban apresar y les sometían a tormentos terribilísimos y terminaban por llevarlos al anfiteatro para echárselos a las fieras. También a muchos los quemaban vivos.
   Elena no terminaba de comprender por qué sus emperadores hacían aquello. ¡Si los cristianos eran buena gente! Ella trataba con algunas muchachas de su edad que pertenecían a aquella "secta" y no podía sino decir que eran excelentes. Tanto que, a veces, comparándolas con sus amigas paganas, había de reconocer que las superaban en todos los aspectos.

BEATO NICOLÁS FACTOR, Sacerdote

18 de agosto


BEATO NICOLÁS FACTOR,
Sacerdote
Nicolás Factor nació en Valencia, España, el 29 de junio de 1520. Recibió de sus padres una óptima educación cristiana que favoreció su natural tendencia a elevarse espiritualmente. Temperamento de artista, tuvo una sensibilidad extremada que educó mediante el estudio de las artes, especialmente de la pintura y de la música.
A la edad de 17 años, el 30 de noviembre de 1537 atraído por el ideal del Pobrecillo de Asís, ingresó entre los Hermanos Menores del convento de Santa María de Jesús en Valencia, donde profesó la regla franciscana el primer domingo de Adviento de 1538. Ordenado sacerdote ejerció con celo apostólico el ministerio de la predicación y con prudencia y discreción el de la dirección espiritual de las almas, especialmente religiosas. Después de haber desempeñado en la provincia franciscana de Valencia los oficios de guardián y de maestro de novicios, en 1571 el rey Felipe II lo destinó como director espiritual del monasterio de Santa Clara en Madrid donde vivían religiosas clarisas pertenecientes a la flor de la nobleza de la ciudad y de la corte. De Madrid pasó luego a dirigir a las religiosas de la Trinidad de Valencia y luego a las clarisas de Gandía.
Durante la permanencia en Madrid Nicolás estuvo en íntima relación con el Beato Juan de los Angeles, quien en “El triunfo del amor de Dios”, escrito en Medina en 1598, lo llama el “Santo”. Y en Valencia tuvo fraternal amistad con el dominicano San Luis Beltrán.
Hacia el final de la vida, profundamente impresionado por la muerte del santo amigo, fue atormentado por la preocupación de la salvación eterna, por lo cual, no satisfecho con aquel tenor de vida, pidió a los superiores poder pasar a los conventos‑retiro en busca de mayor austeridad. Obtenido el permiso, en los primeros días de abril de 1582 pasó al convento de Santa Catalina de la Onda en Castellón de la Plana. En noviembre del mismo año se trasladó a Barcelona en el convento de Monte Calvario, de donde regresó al de Santa María de Jesús en Valencia hacia finales de 1583.
Tuvo el don de los milagros y de la profecía. Sus biógrafos cuentan detalladamente maravillosas apariciones y celestes tratos con que fue favorecido por parte de Jesús y de la Virgen, que le colocó en los brazos a su divino Hijo; de San José, de San Juan evangelista y de San Francisco de Asís. El amor divino había inflamado su corazón. Debió sostener terribles luchas con los espíritus malignos que a menudo se le aparecían. Pero Nicolás siempre salió victorioso con la oración.
Recibidos los últimos sacramentos, su bienaventurada alma voló al cielo, el 25 de diciembre de 1583; tenía 63 años. Después de la muerte en su tumba sucedieron numerosos milagros.
Nicolás Factor fue beatificado por Pío VI, el 27 de agosto de 1786.