Saludos-Cordiales
lunes, 30 de marzo de 2026
SAN JUAN CLÍMACO, Abad
El mundo pasa con su concupiscencia.
Mas el que hace la voluntad de Dios
permanece eternamente. (1 Juan, 2,17).
Mas el que hace la voluntad de Dios
permanece eternamente. (1 Juan, 2,17).
San Juan Clímaco subió al cielo por la escala que nos presenta, pues todo lo que enseña en su
hermoso libro titulado Escala Espiritual, él mismo lo
practicó. Dejó el mundo y se hizo monje a la edad de 16 años. Su vida
desde entonces fue una
mortificación continua. Empleaba su tiempo en llorar sus
pecados, en conversar con Dios, o bien en componer libros destinados a
instruir y edificar al prójimo. Fue nombrado abad del Monte Sinaí, y
murió
a la edad de 80 años apenas transcurrida la primera mitad del
siglo VII.
LUNES SANTO
PRIMERA LECTURA
No gritará, no voceará por las calles
Lectura del libro de Isaías 42, 1-7
Así dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.
Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará,
hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.»
Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó los cielos, consolidó la tierra con su vegetación,
dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella:
«Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano,
te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»
Palabra de Dios.
No gritará, no voceará por las calles
Lectura del libro de Isaías 42, 1-7
Así dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.
Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará,
hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.»
Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó los cielos, consolidó la tierra con su vegetación,
dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella:
«Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano,
te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.
Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 26, 1. 2. 3. 13-14 (R/.: 1a)
R/. El Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R/.
Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen. R/.
Si un ejército acampa contra mi, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. R/.
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R/.
Versículo antes del evangelio
Salve, Rey nuestro,
solamente tú te has compadecido de nuestros errores.
EVANGELIO
Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura
+Lectura del santo evangelio según san Juan 12,1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, autentico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugo con su cabellera. Y la casa se lleno de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
—«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?»
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.
Jesús dijo:
—«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Palabra del Señor.
domingo, 29 de marzo de 2026
SAN ARMOGASTO, Mártir
29 de marzo
SAN ARMOGASTO,
Mártir
Si no velares, vendré a ti como un ladrón,
y no sabrás a qué hora vendré a ti.
(Apocalipsis, 3, 3).
y no sabrás a qué hora vendré a ti.
(Apocalipsis, 3, 3).
¡Qué hermoso espectáculo ver a San
Armogasto abandonar todas sus dignidades en la corte para permanecer fiel a
Jesucristo! Viéndolo Genserico, rey de los vándalos, inquebrantable en su fe,
le hizo anudar la cabeza y los pies con gruesas cuerdas; mas el santo miró al
cielo y rompiéronse sus ataduras. Se lo suspendió de un pie; empero, nada
quebrantó su resolución. Finalmente, condenado a guardar los rebaños del rey
por el resto de su vida, obedeció con placer, pues sabía que la soledad es
favorable a los coloquios entre el alma y Dios. Predijo su muerte próxima,
indicó el lugar donde quería se lo enterrase, y fue al cielo a recibir la
recompensa de sus trabajos, hacia el año 455.
sábado, 28 de marzo de 2026
29 marzo. DOMINGO DE RAMOS EN LA PASION DEL SEÑOR
Para la procesión de las palmas
EVANGELIO
Bendito el que viene en el nombre del Señor
+Lectura del santo Evangelio según San Mateo 21, 1-11
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:
—Id
a la aldea de enfrente, encontraréis en seguida una borrica atada con
su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo contestadle
que el Señor los necesita y los devolverá pronto.
Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta:
«Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila.»
Fueron
los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la
borrica y el pollino, echaron encima sus mantos y Jesús se montó. La
multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de
árboles y alfombraban la calzada.
Y la gente que iba delante y detrás gritaba:
—¡Viva el Hijo de David!
—¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
—¡Viva el Altísimo!
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada:
—¿Quién es éste?
La gente que venía con él decía:
—Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea.
La
Misa de este Domingo consta de tres lecturas, las cuales se recomiendan
encarecidamente, a no ser que alguna razón pastoral aconseje lo
contrario.
Teniendo
en cuenta la importancia de la lectura de la Historia de la Pasión del
Señor, le está permitido al sacerdote, que conoce la naturaleza de cada
asamblea de fieles, leer una sola lectura antes del Evangelio, o, si es
necesario, leer solamente la Pasión del Señor, incluso en su forma más
breve. Todo esto únicamente se puede hacer en las Misas con pueblo.
MISA
PRIMERA LECTURA
No oculté el rostro a insultos; y sé que no quedaré avergonzado
Lectura del Profeta Isaías 50, 4-7.
Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba.
No oculté el rostro a insultos y salivazos.
Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24
V/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
V/. Al verme se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere.»
R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
V/. Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de malhechores:
me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos.
R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
V/. Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
V/. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo, linaje de Jacob, glorificadlo, temedlo, linaje de Israel.
R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
SEGUNDA LECTURA
Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses 2, 6-11
Hermanos:
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno
de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
—en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo—,
y toda lengua proclame: «¡Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.
Versículo antes del Evangelio Flp 2, 8-9
Cristo
por nosotros se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por
eso, Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre».
EVANGELIO
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14__27, 66.
C. En aquel tiempo uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
S. —¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. —¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
C. El contestó:
—Id a casa de Fulano y decidle: «El Maestro dice: mi momento está
cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los doce. Mientras comían dijo:
—Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.
C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:
S. —¿Soy yo acaso, Señor?
C. El respondió:
—El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El
Hijo del Hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a
entregar al Hijo del Hombre!, más le valdría no haber nacido.
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. —¿Soy yo acaso, Maestro?
C. El respondió:
C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo:
C. Y cogiendo un cáliz pronunció la acción de gracias y se lo pasó diciendo:
—Bebed todos; porque esta es mi sangre, sangre de la alianza derramada
por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del
fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el
reino de mi Padre.
C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:
—Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito:
«Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño.» Pero cuando
resucite, iré antes que vosotros a Galilea.
C. Pedro replicó:
S. —Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.
C. Jesús le dijo:
—Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante tres veces, me negarás.
C. Pedro le replicó:
S. —Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
—Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.
C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse.
Entonces dijo:
—Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.
C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
—Padre mío, si es posible que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos.
Dijo a Pedro:
—¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en
la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil.
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
—Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
C.
Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque estaban muertos de
sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas
palabras.
Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
-Ya podéis dormir y descansar. Mira, está cerca la hora y el Hijo del
Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos!
Ya está cerca el que me entrega.
C.
Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los doce,
acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los
sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado
esta contraseña:
S. Al que yo bese, ése es: detenedlo.
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. ¡Salve, Maestro!
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
—Amigo, ¿a qué vienes?
C.
Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de
los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le
cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
Jesús le dijo:
—Envaina la espada: quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que
no puedo acudir a mi Padre? El me mandaría en seguida más de doce
legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura que dice
que esto tiene que pasar.
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
—¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido? A
diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me
detuvisteis.
C.
Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los
profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y
huyeron.
Los
que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote,
donde se habían reunido los letrados y los senadores. Pedro lo seguía
de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y entrando dentro, se sentó
con los criados para ver en qué paraba aquello.
Los
sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio
contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de
los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron
dos que declararon:
S. —Este ha dicho: «Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días.»
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. —¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. —Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.
C. Jesús le respondió:
—Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo
del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre
las nubes del cielo.
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
S. —Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?
C. Y ellos contestaron:
S. —Es reo de muerte.
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
S. —Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado.
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
S. —También tu andabas con Jesús el Galileo.
C. El lo negó delante de todos diciendo:
S. —No sé qué quieres decir.
C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. —Este andaba con Jesús el Nazareno.
C. Otra vez negó él con juramento:
S. —No conozco a ese hombre.
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron:
S. —Seguro; tú también eres de ellos, se te nota en el acento.
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
S. —No conozco a ese hombre.
C.
Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de
Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces.» Y saliendo
afuera, lloró amargamente.
Al
hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo
se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo
llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
Entonces el traidor sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y senadores diciendo:
S. —He pecado, he entregado a la muerte a un inocente.
C. Pero ellos dijeron:
S. —¿A nosotros qué? ¡Allá tú!
C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
S. —No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas porque son precio de sangre.
C.
Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero
para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía
«Campo de Sangre.»Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta:
«Y
tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado,
según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del
Alfarero, como me lo había ordenado el Señor.»
Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. —¿Eres tu el rey de los judíos?
C. Jesús respondió:
—Tú lo dices.
C. Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los senadores no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. —¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?
C.
Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy
extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la
gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás.
Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
S. —¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. —No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.
C. Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. —¿A cuál de los dos queréis que os suelte?
C. Ellos dijeron:
S. —A Barrabás.
C. —Pilato les preguntó:
S. —¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?
C. —Contestaron todos:
S. —Que lo crucifiquen.
C. —Pilato insistió:
S. —Pues, ¿qué mal ha hecho?
C. —Pero ellos gritaban más fuerte:
S. —¡Que lo crucifiquen!
C.
Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba
formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del
pueblo, diciendo:
S. —Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!
C. Y el pueblo entero contestó:
S. —¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los
soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron
alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto
de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la
cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la
rodilla, se burlaban de él diciendo:
S. —¡Salve, rey de los judíos!
C.
Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la
cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y
lo llevaron a crucificar.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.
Cuando
llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le
dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso
beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a
suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron
un letrero con la acusación: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS.
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la
izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza:
S. —Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.
C. Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo:
S.
—A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel?
Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si
tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de
Dios?
C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.
Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:
—Elí, Elí, lamá sabaktaní.
C. (Es decir:
—Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?).
C. Al oírlo algunos de los que estaban por allí dijeron:
S. —A Elías llama éste.
C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.
Los demás decían:
S. —Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.
C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Entonces
el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló,
las rocas se rajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos
que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó salieron de las
tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados:
S. —Realmente este era Hijo de Dios.
C.
Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían
seguido a Jesús desde Galilea para atenderle; entre ellas, María
Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los
Zebedeos.
Al
anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era
también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de
Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de
Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo
que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada
del sepulcro y se marchó.
María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.
A
la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en
grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S.
—Señor, nos hemos acordado que aquel impostor estando en vida anunció:
«A los tres días resucitaré.» Por eso da orden de que vigilen el
sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven
el cuerpo y digan al pueblo: «Ha resucitado de entre
los muertos.» La última impostura sería peor que la primera.
Pilato contestó:
S. —Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.
C. Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro.
SAN GUNTRANO, Rey y Confesor
28 de marzo
SAN GUNTRANO,
Rey y Confesor
Cada uno de nosotros procure dar gusto a su prójimo
en lo que es bueno y pueda edificarle.
(Romanos, 15, 2).
en lo que es bueno y pueda edificarle.
(Romanos, 15, 2).
San Guntrano, rey de
Borgoña, era nieto de
Santa Clotilde, reina de Francia. Cumplió con todos los deberes de un
rey.
Amaba tiernamente a sus súbditos, y perdonaba generosamente a sus
enemigos.
Pocos monarcas hubo tan populares como él. Durante una peste, se ofreció
como
víctima al Señor para que se librara el pueblo. Después de haber fundado
o dotado a muchas iglesias y monasterios, murió el 28 de marzo del año
593, a
los 68 años de edad.
SÁBADO DE LA QUINTA SEMANA DE CUARESMA
PRIMERA LECTURA
Los haré un solo pueblo
Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28
Así dice el Señor:
«Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar.
Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos.
No volverán a ser dos naciones ni a desmembrarse en dos monarquías.
No volverán a contaminarse con sus ídolos y fetiches y con todos sus crímenes.
Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré:
ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos.
Caminarán según mis mandatos y cumplirán mis preceptos, poniéndolos por obra.
Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, en la que habitaron vuestros padres; allí vivirán para siempre, ellos y sus hijos y sus nietos; y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, alianza eterna pactaré con ellos.
Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Y sabrán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté entre ellos mi santuario para siempre.»
Palabra de Dios.
Los haré un solo pueblo
Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28
Así dice el Señor:
«Yo voy a recoger a los israelitas por las naciones adonde marcharon, voy a congregarlos de todas partes y los voy a repatriar.
Los haré un solo pueblo en su país, en los montes de Israel, y un solo rey reinará sobre todos ellos.
No volverán a ser dos naciones ni a desmembrarse en dos monarquías.
No volverán a contaminarse con sus ídolos y fetiches y con todos sus crímenes.
Los libraré de sus pecados y prevaricaciones, los purificaré:
ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos.
Caminarán según mis mandatos y cumplirán mis preceptos, poniéndolos por obra.
Habitarán en la tierra que le di a mi siervo Jacob, en la que habitaron vuestros padres; allí vivirán para siempre, ellos y sus hijos y sus nietos; y mi siervo David será su príncipe para siempre.
Haré con ellos una alianza de paz, alianza eterna pactaré con ellos.
Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Y sabrán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté entre ellos mi santuario para siempre.»
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Jr 31, 10. 11-1 2ab. 13 (R/.: 10 d)
R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño.» R/.
Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R/.
Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, los alegraré y aliviaré sus penas. R/.
Versículo antes del evangelio Ez 18, 31
Quitaos de encima vuestros delitos —dice el Señor—, y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
EVANGELIO
Para reunir a los hijos de Dios dispersos
+Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 45-57
En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
—«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.»
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
—«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.»
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
—«¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?»
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.
Palabra del Señor.
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