XLIII
José y María se refugian en la gruta de Belén
José y María se refugian en la gruta de Belén
Era bastante tarde cuando José y María llegaron
hasta la boca de la gruta. La borriquilla, que desde la entrada de la Sagrada
Familia en la casa paterna de José había desaparecido corriendo en torno de la
ciudad, corrió entonces a su encuentro y se puso a brincar alegremente cerca de
ellos. Viendo esto la Virgen, dijo a José: "¿Ves? seguramente es la
voluntad de Dios que entremos aquí".
José condujo el asno bajo el alero, delante de la
gruta; preparó un asiento para María, la cual se sentó mientras él hacía un
poco de luz y penetraba en la gruta. La entrada estaba un tanto obstruida por
atados de paja y esteras apoyadas contra las paredes. También dentro de la
gruta había diversos objetos que dificultaban el paso. José la despejó,
preparando un sitio cómodo para María, por el lado del Oriente. Colgó de la
pared una lámpara encendida e hizo entrar a María, la cual se acostó sobre el
lecho que José le había preparado con colchas y envoltorios.