miércoles, 2 de septiembre de 2026

SAN ANTOLÍN o SAN ANTONINO, Mártir

                                                          2 de septiembre


SAN ANTOLÍN o 
SAN ANTONINO, Mártir

Lejos de la oración las muchas palabras; pero no falte la oración
 continuada, si la intención persevera  fervorosa. Hablar mucho en
 la oración es tratar una cosa necesaria con palabras superfluas:
 orar mucho es mover, con ejercicio continuado del corazón, a aquel a

 quien suplicamos,  pues, de ordinario, este negocio se trata mejor
 con gemidos que con discursos, mejor con lágrimas que con palabras.
(San Agustín: Carta 121 a Proba).

   Aún no se ha podido identificar exactamente a este confesor de la fe, pues mientras unos historiadores le hacen descendiente de los reyes visigodos y natural (en España) de la Galia Narbonense, otros le tienen por discípulo de San Dionisio de París y enviado por él a Arlés como primer obispo y apóstol de esta ciudad. Desde los tiempos del rey Sancho el Mayor (siglo x), se le venera en Palencia, que se cree posesora de sus reliquias y le celebra como su Patrono.

SAN AGRICOLA, Obispo y Confesor

2 de septiembre
SAN AGRICOLA,
Obispo y Confesor

 
No bajemos los ojos sin humillar el
  corazón al mismo tiempo; no demos a
entender que queremos el último

lugar sin quererlo verdaderamente
(San Francisco de Sales).

A San Agricola, Patrón de Avignon, a veces se lo llama "Agricola de Avignon". Nació en el año 630, y era hijo de San Magno, senador galo-romano, quien al quedar viudo, se hizo monje y llegó a ser obispo. A la edad de 14 años, Agrícola, se mudó a Lerins, la sede de su padre. Allí,  teniendo 16 años, entró en un monasterio como monje, y fue ordenado sacerdote.  En el año 660, fue nombrado coadjutor de su padre, sucediéndolo en la sede de Avignon en 670. Hizo edificar una iglesia y un convento benedictino en Avignon. Cobró fama como buen predicador y por su caridad y defensa de los pobres y enfermos contra las autoridades civiles. Murió por causas naturales, en 700.

MIÉRCOLES DE LA VIGÉSIMA SEGUNDA SEMANA

PRIMERA LECTURA
Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificio de Dios
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 3, 1-9
Hermanos: No pude hablaros como a hombres de espíritu, sino como a gente débil, como a cristianos todavía en la infancia.
Por eso os alimenté con leche, no con comida, porque no estabais para más.
Por supuesto, tampoco ahora, que seguís los bajos instintos.
Mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, es que os guían los bajos instintos y que procedéis como gente cualquiera.
Cuando uno dice «yo estoy por Pablo» y otro, «yo por Apolo», ¿no sois como cualquiera ? En fin de cuentas, ¿qué es Apolo y qué es Pablo ? Agentes de Dios que os llevaron a la fe, cada uno como le encargó el Señor.
Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; por tanto, el que planta no significa nada ni el que riega tampoco; cuenta el que hace crecer, o sea, Dios.
El que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado.
Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios.
Sois también edificio de Dios.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 32, 12-13. 14-15. 20-21
V/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

V/. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. R/.

V/. Desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: él modeló cada corazón y comprende todas sus acciones. R/.

V/. Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos. R/.


EVANGELIO
También a los otros pueblos tengo que anunciarles el Reino de Dios, para eso me han enviado
+Lectura del santo Evangelio según San Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella.
El, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera, se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: Tú eres el Hijo de Dios.
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió a un lugar solitario.
La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
Pero él les dijo: También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.
Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor.