domingo, 10 de mayo de 2026

SAN JUAN DE ÁVILA, Presbítero y Doctor de la Iglesia



10 de Mayo
SAN JUAN DE ÁVILA,
(*) 
Presbítero y Doctor de la Iglesia

   Un buen día del año de 1517 Juan de Ávila, un estudiante alegre de la Mancha, que había recorrido durante cuatro cursos las callejuelas de Salamanca con sus cartapacios de apuntes bajo el brazo, camino del estudio, dejaba la ciudad del Tormes. Hacía días que Dios le hurgaba en el alma. El golpe de gracia fue en una fiesta de toros y cañas. Ahora, dejadas las "negras leyes", volvía a Almodóvar del Campo, que le había visto nacer el día de Epifanía del último año del siglo.
   Poco después Alcalá le dará su abrazo de bienvenida en un momento de efervescencia espiritual, a la que no podrá sustraerse. Las sabias lecciones de Artes del maestro Soto, de quien fue discípulo predilecto, y aquellas lecturas del docto maestro Medina, que enseñaba por la nueva vía de los Nominales, alternaban con la lección sabrosa de unos libros de Erasmo, saturados de espíritu paulino y salpicados de censuras mordaces ansiosas de reforma.
   Ya es sacerdote Juan de Ávila. Juan de Ávila ha entrado de lleno en el recogimiento y la oración. El fuego apostólico ha prendido en su alma y las Indias se le antojan cañaveral seco pronto para el incendio. Piensa ir allá con el padre Garcos, de la Orden de Santo Domingo, que marcha como primer obispo de Tlaxcala. ¿Vistió ahora el hábito dominicano en Santo Tomás de Sevilla? Veinte años más adelante se recordará, cuando esté inclinado a entrar en la Compañía, que el padre Ávila "ha sido fraile". Las íntimas relaciones que vemos tiene en Sevilla con los dominicos parecen dar pie para una conjetura.

SAN ANTONINO, Obispo y Confesor



10 de Mayo
SAN ANTONINO o ANTOLÍN,
(*)
Obispo y Confesor

  No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra,
donde la herrumbre y la polilla los consumen,
y donde los ladrones los desentierran y roban.
(Mateo, 6, 19).

   Antonino, que entró en la orden de Santo Domingo a la edad de doce años, fue un modelo de humildad, de recogimiento y de mortificación. Jamás comió carne, y, enfermo o sano, dormía sobre una tabla. Fue menester que el Papa Eugenio IV lo amenazase con excomunión para hacerle aceptar el arzobispado de Florencia y se supo ganar el cariño de sus gentes por su bondad y caridad, pues daba a los pobres todo lo que caía en sus manos. Pero también sabía exigir, y combatió los juegos de azar, la usura y la brujería que se practicaba en esta ciudad. No quiso mas riquezas que la virtud; todo lo que poseía dábalo a los pobres, llegando al extremo de vender, para socorrerlos, parte de los muebles y de la ropa. Fundó el famoso convento de San Marcos en Florencia y encargó a Fray Angélico, su compañero de noviciado y afamado pintor, la pintura de todos los ahora célebres cuadros en este convento. A pesar de su mala salud, fue nombrado Arzobispo de Florencia. Murió en mayo de 1459, a los 70 años de edad.