viernes, 23 de mayo de 2014
VIERNES QUINTA SEMANA PASCUA
PRIMERA LECTURA
Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros,
no imponeros más cargas que las indispensables
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 22-31
En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas
Barsabá y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta:
«Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.
Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»
Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la Iglesia y entregaron la carta. Al leer aquellas palabras alentadoras, se alegraron mucho.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 56, 8-9. 10-12 (R/.: 10a)
R/. Te daré gracias ante los pueblos, Señor.
O bien:
Aleluya.
Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. Voy a cantar y a tocar: despierta, gloria mía; despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora. R/.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré para ti ante las naciones: por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza a las nubes. Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria. R/.
Aleluya Jn 15, 15b
A vosotros os llamo amigos —dice el Señor—, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
EVANGELIO
Esto os mando: que os améis unos a otros
+Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 12-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»
Palabra del Señor.
jueves, 22 de mayo de 2014
SANTA RITA DE CASIA, Viuda
22 de Mayo
SANTA RITA DE CASIA,(*)
Viuda
SANTA RITA DE CASIA,(*)
Viuda
"¿Quién eres Tú, Señor?"
Pregunta acuciante y angustiosa que nos
hacemos muchas veces en la vida ante el roce de Dios. Porque, como dice Müller,
"Dios es, en verdad, nuestro único tú en el cielo y en la tierra".
Nos hacemos esa pregunta siempre que Él
se cruza con nosotros y tenemos la sensación de lo trascendente sobre nuestra
pobre barraca humana. Entonces la presencia de Dios "se hace carne y
habita entre nosotros". Como niños medrosos en la noche clamamos:
"¿Quién eres Tú, Señor?", sin atrevernos a creer que es Él quien se
ha metido de rondón en nuestras vidas. Dios mismo asiste emocionado a nuestro
asombro y se cumplen aquellas palabras de Martín Descalzo en uno de sus poemas:
y Dios posó su mano sobre el alma del
hombre, y todos los rincones comenzaron de pronto a tener su sentido.
Dios tiene infinitas maneras de hacerse
presente. Pero casi siempre se le adivina. Y, dentro de esas infinitas maneras,
tiene como modos que le son más propios y característicos. Hay un estilo de Dios.
Uno de los rasgos que le distinguen, una
de las formas de hacerse presente es la de tomarse "revanchas a lo
divino". Entonces Dios es más grande, más majestuoso, más inaccesible a
nuestra raquítica talla que cuando despide rayos desde el Sinaí. Porque entonces
es el Dios del Evangelio, el Dios que, a fuerza de ser bueno, hace el milagro
de hacernos buenos a nosotros.
¡Revanchas de Dios! ¿Quién no las ha
experimentado en su vida personal y no las ha presenciado en el mundo y en la
Iglesia?
Los santos suelen ser las figuras
representativas de esas "revanchas a lo divino" porque sólo ellos se
prestan a colaborar con absoluto desinterés en los planes de Dios.
Un escenario: Italia. Una época: últimas
décadas de la Edad Media. Unos personajes: Urbano VI, el antipapa Roberto,
Pedro de Luna...
Las ausencias de los papas en Roma por la
falta de seguridad de Italia y por la lucha de los partidos en Roma provocan el
cisma de Occidente, con todas sus consecuencias de relajación, indisciplina y
desorientación de los espíritus.
Wenceslao tenía entre sus manos el
Imperio de Occidente. Manuel Paleólogo había sucedido a su padre en el Imperio
de Oriente, que había entregado al sultán Bayaceto. Casia, después de su
rebelión a la Santa Sede, se vio obligada a combatir con los güelfos.
La Iglesia tenía razón para llorar su
unidad rota, las costumbres licenciosas de sus hijos, la servidumbre de los
papas al poder real.
Los derechos de Dios son conculcados.
Urge una revancha por parte de Dios, pero Él se la toma a lo divino.
Para confundir a los fuertes y "a
los que son" saca de "los que no son" una espada que ha quedado
blandiéndose en los siglos sobre aquel gris informe de tormentas y vejaciones.
La saca de Roca Porrena, aldeílla próxima a Casia, perteneciente a la Umbría,
para que tenga sólo la luz y la fuerza recibidas de Dios.
Rita de Casia es una revancha a lo divino
contra los abusos del Medioevo italiano.
Es una manera de hacerse Dios presente.
Bien se podían preguntar en Italia ante aquélla niña ignorante y extraordinariamente
poderosa: "¿Quién eres Tú, Señor?".
Se sentía a su contacto el contacto de
Dios.
Vivió Rita setenta y seis años. Y fue
santa en todas las penosas alternativas de su vida. Pasó por todos los estados:
matrimonio, viudez, consagración a Dios en el claustro.
Dice Thomas Merton que "cada llamada
especial confiere al hombre un lugar particular en el misterio de Cristo, le
otorga algo que hacer por la salvación de la Humanidad". Pues bien; a
Santa Rita le otorgó Dios mucho quehacer
por la salvación de la Humanidad al hacerla pasar sucesivamente por todos los
estados.
Nace la niña el 22 de mayo de 1381 de una
madre estéril. Sin duda, Amada Ferri, como Sara o Isabel, dio saltos de júbilo
al sentir sus entrañas fecundas. Y se siguen los prodigios que, contemplados
hoy desde la atalaya de su santidad, son como lucecillas de Dios en el camino
doloroso de su vida. ¿Qué le cuesta a Dios rebasar el orden de la naturaleza
por amor a sus escogidos o por amor a cualquiera de sus hijos? Lo raro es que
no lo rebase mas veces. ¿Será porque nuestra fe no es ni como un grano de
mostaza?
Y, como a todos, le llegó a Rita esa edad
en que canta la sangre en las entrañas, y los dientes en sonrisas blancas, y la
mirada en una luz nueva... Trece años. Sus padres la casaron. Con ello su
carrera hacia Dios se hizo más consciente, más crucificada.
Los procesos de canonización recorren
esos caminos intrincados y luminosos. ¡Cuántas virtudes! ¡Cuánta maravilla!
¡Cuánto de Dios! Me estremecía tenerlos en las manos, porque allí se me hacían
vida fresca e inmolada desde el amanecer hasta el ocaso. Y era mucho el peso de
tanta santidad.
Santa Rita vive su matrimonio ungida con
la mirra más amarga. Fernando Pablo es cruel. Y la reduce a una vida dura y
penosa. Así dieciocho años. Hasta que él muere asesinado. Los santos aman con
una intensidad y con una pureza extraordinarias, porque su amor es la
quintaesencia del amor, y el corazón de la Santa sufre.
La encina nacida entre los riscos de la
Umbría tiene estremecimientos terriblemente dolorosos. Es fuerte, pero se
siente sacudida hasta las raíces más íntimas de su ser. Sus hijos Juan Santiago
y Pablo María quieren vengar la muerte de su padre. Ella ofrece sus vidas antes
de que lleguen a consumar el crimen y mueren los dos. No quedan ya lágrimas en
los ojos de aquélla mujer, que templa su fortaleza en la Madre de un Hijo que
murió por todos. Ahora ya puede realizar sus primeras aspiraciones; consagrarse
totalmente a Dios en el retiro de un convento de agustinas. Pero es rechazada
porque no es virgen.
¡Qué madurez maravillosa la de Rita!
Huele su campo a espigas granadas y en la quietud serena de sus treinta y dos
años puede ya contemplar su vida fecunda a lo humano y a lo divino.
Es preciso que vuelva Dios a intervenir
con un prodigio para que Rita sea admitida en el convento. Tres santos la
introducen en él milagrosamente. Tommaso Nediani describe así este pasaje de la
vida de la Santa:
"Non c'e nessuno a la finestra e la
via è silente e deserta, ma una gran luce meridiana tiene il cielo. Infine ella
vide, no, non sogna, è ben desta: i suoi Santi Patroni in una luminosa aureola
d'oro, Yaustero Giovanni Battista nella pelle di camello, Sant'Agostino nel
ieratico paludamento episcopale, e San Nicole da Tolentino nel nero saio
agostiniano, che I'invitano ad andare con loro."
Viene después la época de intensas
efusiones divinas. El dolor pasado ha concentrado y purificado el amor, y ahora
su unión con la voluntad divina, su oración, su amor a la Eucaristía, su
entrega al prójimo, su fortaleza, su prudencia, su justicia, alcanzan unas
cimas insospechadas.
Hemos dicho que Santa Rita era "una
revancha a lo divino". Allí, en un rincón de la Umbría, como un gigante,
mientras la Iglesia se desangra, lucha ella las grandes batallas de Dios.
Porque estas batallas no se ganan con fuego y con acero, sino con la sangre del
propio corazón a costa de un holocausto secreto y constante.
Allí vivió pobre, obediente y casta. Bien
se le podían aplicar aquellas palabras de San Agustín: "Custodi obedientiam, ut percipias sapientiam et percepta
sapientia, noli deserere obedientiam" (S. AUGUST., In Ps. 118, XXII,
12). Ella adquirió esa sabiduría ignorada, pero nunca abandonó la obediencia.
Penetró hondamente el misterio de la cruz. Como Francisco de Asís, se ve
sellada con uno de los estigmas de la Pasión: una espina en la frente, que le
produce dolores insoportables y el martirio de ser enojosa a los demás por el
repugnante olor que despedía.
¿Alucinación? ¿Histerismo? ¿Fantasía?
No; es el misterio de la cruz incorporado
a su vida, que es ya un tejido indescifrable de dolores. Pero esta crucifixión
interior no se manifiesta al exterior más que por un derroche casi infinito de
dulzura y de caridad. El amor ha llegado a su plenitud y se desborda en
entregas.
Va a Roma. Aquella Roma combatida
recibiría con la visita de la Santa un impacto nuevo.
No faltan en el último período de la vida
de Rita detalles deliciosamente poéticos. Cuando su alma es como una viña
cargada de frutos maduros, en un día blanco y adusto de enero, fue a visitarla
una amiga. Al despedirse le dijo que si quería algo para su aldea.
-Sí le contestó-. Os ruego que,
apenaas lleguéis al pueblo, vayáis al huerto de mi casa, cortéis allí una rosa
y me la traigáis.
También le pidió dos higos maduros.
La mujer creyó que la Santa deliraba. No
sabía que los delirios de los santos, Dios los hace realidades. En el jardín
encontró milagrosamente florecida una rosa y maduros los higos.
¡Qué significativo es este pasaje de su
vida! Tiene conmovedoras resonancias del Cantar de los Cantares, cuando el
Esposo, ansioso ya de la plena posesión de la Esposa, le canta:
"Levántate, amiga mía, esposa mía, y
ven, que ya ha pasado el invierno y han cesado las lluvias. Ya, han brotado en
la tierra las flores.... ya ha echado la higuera sus brotes... Levántate, amada
mía, esposa mía, y ven" (3, 10-13).
¡Qué importa que la naturaleza esté de
invierno, si el alma de Rita está como los trigales, rojos y granados por el
sol!
El 22 de mayo, al cumplir cabalmente setenta y
seis años, en el año de gracia de 1457, entregó a Dios su espíritu.
Sirvió de edificación en su muerte, como
había servido en su vida, porque la
muerte de los justos es preciosa a los ojos de Dios.
Fue santa hasta la hora de nona... y ¡qué
difícil resulta eso a la frágil naturaleza humana!
Una santa de la Edad Media que podría
emplazarse muy bien en el siglo XX.
Una maravillosa conjugación de valores
divinos y humanos, de estados de vida.
La noche de la fe de los santos, y por
extensión de los cristianos, es la contrapartida más lograda a la noche de
desesperanza y angustia de la época actual.
Los modernos pensadores hablan de
"un hálito oscuro" que impregna los años que están por vivir. Ese
vaho todo lo vuelve negro y amargo, monótono y vacío. Es el paso de la
angustia, que troncha de raíz la vida del espíritu.
En cambio, en las noches de la fe, aunque
más torturantes porque el alma ha experimentado en otros tiempos algo de la luz
de Dios, "estamos llenos de presentimientos, experimentamos una proximidad
muy grande como de brazos abiertos y desde las estrellas un interminable advenimiento..."
"Nos hallamos envueltos por este nocturno
raudal de la luz de la fe, y allí estamos y vivimos, amando como se ama con
sencillez, sin buscar la razón o la esencia de la vida" (MÜLLER, Angustia y esperanza).
La fe es la que tiene poder para cambiar
el "hálito oscuro" de los modernos pensadores en hálito de esperanza.
Y ya con la esperanza se superan obstáculos, se allanan los caminos.
Los santos están revestidos de un cierto
sentido de infinitud y producen en el alma la impresión de lo que está muy cerca
de Dios. Dijimos que Él les constituye en sus colaboradores, y por ello se
obliga a regalarles más con sus dones. Los santos son un eco de la eternidad de
Dios. Por eso para ellos no hay tiempos ni lugares, aunque también respondan,
en el orden de la Providencia, a la necesidad concreta de un tiempo y un
espacio.
Santa Rita, como todos los santos, es un
triunfo definitivo de la fe y del amor. De ese amor que nunca se da por
vencido.
Mª DEL PILAR ALASTRUÉ CASTILLO
ORACIÓN
¡Oh gloriosa Santa Rita de Casia! Con el
alma llena de confianza por los continuos favores que alcanzas del cielo, en
bien de tus fieles devotos, vengo hoy a tu presencia, a rogarte que intercedas
con tu Amado Esposo y Redentor del mundo, a fin de que oiga benigno lo que
solicito de su gran poder e infinita misericordia. A ti, que recibiste en el
transcurso de tu larga y santa vida, tantas y tan repetidas muestras de ser un
alma privilegiada de su Amor, te atenderá bondadoso, si le ruegas por mí con
ese ardiente fervor que siempre te animaba cuando te postrabas a orar a los
pies del santo Crucifijo. Por J. C. N. S. Amén.
- * Año Cristiano, Tomo II, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
SANTA JOAQUINA VEDRUNA DE MAS, Viuda
22 de Mayo
SANTA JOAQUINA
VEDRUNA DE MAS,(*)
Viuda
SANTA JOAQUINA
VEDRUNA DE MAS,(*)
Viuda
Hermosa, pura y blanca era la niña a los seis años: jugaba y revoloteaba en los
jardines de la casa paterna, y, si acontecía manchársele el vestido con tierra
o lodo, escondíase luego y solita lavaba su traje, poníalo al sol y poníase
ella a rezar candorosamente al Niño Jesús y a las benditas almas para que se
secara pronto". Era un espejo de limpieza: no podía sufrir manchas ni aun
en su ropa, ni quería con ellas ofender por un momento la vista de su buena
madre.
Tan buena y delicada era Joaquinita de Vedruna. Había nacido el 16 de abril de
1783 en Barcelona, la gran urbe condal. Sus padres, don Lorenzo de Vedruna y
doña Teresa Vidal, formaron su hogar como un nido de amores cristianos a prueba
de todos los sacrificios. Eran ricos y nobles. Don Lorenzo ejercía el cargo de
procurador de número en la Audiencia del principado y vio bendecida su sagrada
unión con numerosa prole. Doña Teresa era una de aquellas mujeres fuertes
alabadas por el sabio: noble, hacendosa y abnegada en sus deberes maternales.
Cuando nació Joaquinita todo fue alegría y pura felicidad: huyó el dolor ante
aquel ser que nacía para aliviar a cuantos encontrase al paso en su larga y
fecunda vida.
JUEVES QUINTA SEMANA PASCUA
PRIMERA LECTURA
A mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 7-21
En aquellos días, después de una fuerte discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los presbíteros:
—«Hermanos, desde los primeros días, como sabéis, Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca el mensaje del Evangelio, y creyeran. Y Dios, que penetra los corazones, mostró su aprobación dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe. ¿Por qué provocáis a Dios ahora, imponiendo a esos discípulos una carga que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar? No; creemos que lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús .»
Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles. Cuando terminaron, Santiago resumió la discusión, diciendo:
—«Escuchadme, hermanos: Simón ha contado la primera intervención de Dios para escogerse un pueblo entre los gentiles. Esto responde a lo que dijeron los profetas:
"Después volveré para levantar de nuevo la choza caída de David;
levantaré sus ruinas y la pondré en pie,
para que los demás hombres busquen al Señor,
y todos los gentiles que llevarán mi nombre:
lo dice el Señor, que lo anunció desde antiguo."
Por eso, a mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios; basta escribirles que no se contaminen con la idolatría ni con la fornicación y que no coman sangre ni animales estrangulados. Porque durante muchas generaciones, en la sinagoga de cada ciudad, han leído a Moisés todos los sábados y lo han explicado.»
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 95, 1-2a. 2b-3. 10 (R/.: cf. 3)
R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
O bien:
Aleluya.
Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.
Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R/.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.
Aleluya Jn 10, 27
Mis ovejas escuchan mi voz —dice el Señor—, y yo las conozco. y ellas me siguen.
EVANGELIO
Permaneced en mi amor, para que vuestra alegría llegue a plenitud
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.»
Palabra del Señor.
miércoles, 21 de mayo de 2014
SAN ANDRÉS BÓBOLA, Mártir
21 de Mayo
SAN ANDRÉS BÓBOLA,
Mártir
SAN ANDRÉS BÓBOLA,
Mártir
Polaco de origen extranjero (su familia procedía de la Bohemia, pero llevaba
ya varias generaciones en el país), es uno de los símbolos de la martirizada
Polonia. Cada vez que en la historia reciente la nación polaca se ha visto
sumergida por invasiones y ha sido víctima de desmembramientos, la defensa de
la fe y la esperanza en el futuro se han concretado en hechos milagrosos por
intercesión de este jesuita.
Era oriundo del sur del país, se educó con la Compañía de Jesús, en la que solicitó ingresar, y en 1622 fue ordenado de sacerdote en Vilna. En esta ciudad ejerció su ministerio, destacando como predicador, director de conciencias y hombre de caridad inagotable atendiendo a enfermos y moribundos, sobre todo durante la peste de 1625.
Pero su carácter impulsivo y fogoso le llevó a querer vivir en los lugares de mayor riesgo, y desde 1633 hasta su muerte fue uno de los misioneros más activos en la parte oriental de lo que entonces era Polonia, una región disputada por los rusos y con una gran mayoría de habitantes que vacilaban entre el cisma ortodoxo y la Iglesia romana.
Durante un cuarto de siglo Andrés Bóbola vivió en esta azarosa frontera de la catolicidad, mientras se sucedían a su alrededor guerras, matanzas de religiosos, devastaciones y amenazas de todo orden, hasta que en mayo de 1657, a sus 66 años, en Lituania, fue apresado por los cosacos y murió entre salvajes torturas le azotan de pies a cabeza, le echan al cuello una soga, y sujetándola a la silla de dos caballos, los lanzan a correr. Después le queman todo el cuerpo con antorchas encendidas: en odio al orden sacerdotal; le desuellan la corona y las manos; le hincan astillas entre las uñas de las manos y de los pies; le cortan la nariz, las orejas, los labios; y abriéndole el cuello por detrás, le arrancan la lengua. Por fin, le atraviesan el corazón con una lanza. y le acribillan con las espadas todo el cuerpo, hasta que el invicto mártir expira. Fue canonizado en 1938 y sus restos mortales se veneran en Varsovia.
Era oriundo del sur del país, se educó con la Compañía de Jesús, en la que solicitó ingresar, y en 1622 fue ordenado de sacerdote en Vilna. En esta ciudad ejerció su ministerio, destacando como predicador, director de conciencias y hombre de caridad inagotable atendiendo a enfermos y moribundos, sobre todo durante la peste de 1625.
Pero su carácter impulsivo y fogoso le llevó a querer vivir en los lugares de mayor riesgo, y desde 1633 hasta su muerte fue uno de los misioneros más activos en la parte oriental de lo que entonces era Polonia, una región disputada por los rusos y con una gran mayoría de habitantes que vacilaban entre el cisma ortodoxo y la Iglesia romana.
Durante un cuarto de siglo Andrés Bóbola vivió en esta azarosa frontera de la catolicidad, mientras se sucedían a su alrededor guerras, matanzas de religiosos, devastaciones y amenazas de todo orden, hasta que en mayo de 1657, a sus 66 años, en Lituania, fue apresado por los cosacos y murió entre salvajes torturas le azotan de pies a cabeza, le echan al cuello una soga, y sujetándola a la silla de dos caballos, los lanzan a correr. Después le queman todo el cuerpo con antorchas encendidas: en odio al orden sacerdotal; le desuellan la corona y las manos; le hincan astillas entre las uñas de las manos y de los pies; le cortan la nariz, las orejas, los labios; y abriéndole el cuello por detrás, le arrancan la lengua. Por fin, le atraviesan el corazón con una lanza. y le acribillan con las espadas todo el cuerpo, hasta que el invicto mártir expira. Fue canonizado en 1938 y sus restos mortales se veneran en Varsovia.
MIÉRCOLES QUINTA SEMANA PASCUA
PRIMERA LECTURA
Se decidió que subieran a Jerusalén
a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 1-6
En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme a la tradición de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia. La Iglesia los proveyó para el viaje; atravesaron Fenicia y Samaria, contando a los hermanos cómo se convertían los gentiles y alegrándolos mucho con la noticia. Al llegar a Jerusalén, la Iglesia, los
apóstoles y los presbíteros los recibieron muy bien; ellos contaron lo que Dios habla hecho con ellos.
Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, intervinieron, diciendo:
—«Hay que circuncidarlos y exigirles que guarden la ley de Moisés.»
Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 121, 1-2. 4-5 (R/.: cf. 1)
R/. Vamos alegres a la casa del Señor.
O bien:
Aleluya.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestro pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.
Aleluya Jn 15, 4a. 5b
Permaneced en mi, y yo en vosotros
—dice el Señor—;
el que permanece en mi da fruto abundante.
EVANGELIO
El que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante
+Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»
Palabra del Señor.
martes, 20 de mayo de 2014
SANTA MARÍA DE LA CARIDAD DEL COBRE, Patrona de Cuba
20 de Mayo
SANTA MARÍA
DE LA CARIDAD DEL COBRE,(*) Patrona de Cuba |
En El Cobre, poblado minero de la provincia de Oriente, fue consagrado en 1927 el actual santuario nacional a la Virgen de la Caridad. La advocación no es oriunda de Cuba: el año 633 fundó San Ildefonso el monasterio de Illescas, y la tradición dice que él llevó allí la imagen de Nuestra Señora de la Caridad, que todavía existe en la villa toledana, en el santuario construido por el Greco en 1600. La advocación es frecuente en la costa andaluza: en Cádiz, desde que Juan de Austria fundó una cofradía bajo esa advocación, para la tripulación de las galeras. Loja la tiene por Patrona. Y hasta cerca de Avila se conoce una imagen de la Virgen de la Caridad ante la cual rezó Santa Teresa.
Posiblemente la advocación cubana llegó
directamente de Sanlúcar de Barrameda. Durante más de un siglo, después del
tercer viaje de Colón, salían de allí las naves que iban a América; y hoy
está confirmada la devoción que los marinos sanlucareños sentían por la
Virgen de la Caridad venerada en Bonanza y en la Cofradía del Puerto de Santa
María.
Dos hermanos indios llamados Juan Rodrigo y Juan
Diego Hoyos, a los que se añadió un muchacho de la raza negra también llamado
Juan según la tradición, obreros todos del hato de Barajagua, que se
encontraba muy cerca de una mina de cobre, fueron comisionados para conseguir
sal en la costa norte de la isla. Llegaron hasta el río Mayarí, y por él
salieron a la gran bahía de Nipe, alojándose en un pequeño cayo llamado Francés
o Vigía con objeto de pasar la noche y salir muy de mañana para la salina. Una
tormenta inesperada les impidió realizar el proyectado viaje, y hasta tres días
tuvieron que permanecer en el cayo por el mal tiempo. Hacia la medianoche del
cuarto día cesó el viento; los tres Juanes tomaron la canoa antes de salir el
sol, y a medida que avanzaban notaron que en la lejanía, sobre la superficie
tranquila del mar, había algo que no era un ave acuática de las conocidas.
Remaron con mayor curiosidad; los primeros rayos del sol iluminaron plenamente
aquel bulto navegante. Cuando lo tuvieron frente a frente se dieron cuenta de
que era una talla de madera de unos cuarenta centímetros de alto y la inscripción:
"Soy la Virgen de la Caridad". Esto sucedía entre los años 1604 y
1608.
Podemos imaginarnos fácilmente la variedad de
sentimientos que experimentarían aquellos nativos cubanos ante semejante
hallazgo. Habrían oído hablar muchas veces de la Virgen y de sus apariciones;
era la devoción más propagada por los evangelizadores hispanos en el Nuevo
Mundo. Pero jamás se imaginarían que habrían de encontrar sobre las aguas del
mar una imagen de María. En la escasa literatura sobre esta advocación mariana
no encontramos que se interpreten los hechos bajo el signo del milagro. La etapa
milagrera comenzará después. Inicialmente parece que ellos recogieron la
imagen como quien recoge un objeto precioso que otro ha perdido sobre las aguas.
Pero esta interpretación tan poco espiritual no le restó, ni le restará
nunca, intensidad a la veneración que sintieron todos por aquel pedazo de
madera que representaba a la Madre de Jesucristo.
La imagen provenía de una nave española, de las
muchas que zarpaban de Sanlúcar. Es cierto que usaban el verbo sustantivo en
las tablas onomásticas de las naves y, por tanto, la leyenda podía referirse a
la imagen o a la embarcación bajo cuyo patrocinio navegaba. La razón de
aparecer flotando sobre las aguas antillanas es más difícil de determinar. Se
dice que los marinos, durante las tempestades, echaban al mar alguna imagen para
conseguir por su intercesión que el mar se apaciguara. También se dice que, en
momentos de gran calma, los marinos colocaban la imagen en el mar, sobre una
balsa, y de esa manera determinaban la dirección de las corrientes marinas que
podían ayudarles a avanzar.
Los afortunados indios transportaron la imagen al
hato; improvisaron un altar, y la devoción popular comenzó a desarrollarse y a
manifestarse: plegarias ante la imagen, flores siempre frescas para la Virgen.
Un día desapareció la imagen de su sitio. Entonces comenzó la etapa milagrera
de la advocación cubana. Desaparecerá varias veces; la cambiarán de sitio,
interpretando posibles deseos de la Virgen; se repetirán las desapariciones.
Apolonia, una niña india, encontrará un día la imagen, o dirá que había
visto la imagen, sobre unas rocas cercanas a la mina de cobre. En el mismo lugar
alguien verá una luz misteriosa tres veces consecutivas, y la voz popular fue
que la Virgen deseaba en aquel sitio una ermita. Las historias dicen que el
lugar era de tan difícil acceso que hubo que modificar, sin embargo, un poco la
situación.
La devoción creció y la ermita llegó a ser
capilla, iglesia, santuario. Varias veces los temblores de tierra o los
huracanes destruyeron el edificio, y otras tantas los devotos de la Virgen lo
reconstruyeron. La generosidad de los cubanos fue enriqueciendo los adornos de
la imagen, hasta provocar un robo sacrílego; el ladrón se atrevió a mutilar
la talla para llevarse las piedras preciosas que tenía incrustadas; pero se
pudo recuperar todo providencialmente. La dulce talla de madera oscura es hoy un
verdadero joyero cubierto de mantos preciosos.
Los favores que se atribuían a la Virgen eran
tan numerosos y tan extraordinarios, que se llegó a invocarla con el nombre de
Nuestra Señora de la Caridad y de los Remedios. Los exvotos fueron inundando el
altar de tal manera que hubo que acudir a la solución -en el actual santuario-
de una gran capilla debajo del altar de la Virgen, para acumular en ella todos
esos regalos. Uno de los últimos es la medalla de oro del premio Nobel ganado
por el novelista Hemingway.
Cuando prendió en los cubanos el deseo de la
independencia, la devoción a Santa María de la Caridad del Cobre estaba tan
metida en el corazón de los nativos que iba a ser la devoción insignia de los
libertadores. Los insurrectos se encomendaban a la Caridad -como se dice
vulgarmente-, antes de salir para el campo de batalla, y llevaban a la guerra un
pequeño recuerdo sagrado que consistía en una cinta del tamaño de la imagen.
El 20 de mayo de 1902 adquirió Cuba la soberanía y, pocos años después, el 8
de septiembre de 1916, a petición de los veteranos de aquella guerra, el papa
Benedicto XV le concedía a la advocación cubana el título de Patrona
principal de la República.
La fiesta litúrgica de la Patrona de Cuba, sin
oficio ni misa especial aún, se celebra el 8 de septiembre, pero la importancia
que tuvo la devoción de los libertadores durante la gesta independentista
permite que cada año, al celebrarse la instauración de la República el 20 de
mayo, fiesta nacional, no falte el homenaje a la Patrona de Cuba, a la Virgen
Mambisa (mambises se llamaba a los que peleaban por la independencia).
La ignorancia religiosa y ciertos residuos
ancestrales de los esclavos africanos que llegaron a Cuba durante la colonización
ha fomentado supersticiones y prácticas piadosas a la Virgen de la Caridad no
del todo ortodoxas. En definitiva, ello prueba la antigüedad de la devoción y
lo arraigada que siempre ha estado en el corazón de las capas sociales más
humildes de la nación. Por eso, sin duda, el santo obispo de Santiago de Cuba,
monseñor Claret, explotaba bien este sentimiento de filial devoción mariana
escribiendo así en su carta pastoral del 25 de marzo de 1853: "La
verdadera devoción a Nuestra Señora de la Caridad consiste en abstenerse de
todo pecado, en imitar sus virtudes, en tributarle algunos obsequios, en
frecuentar los santos sacramentos y en hacer bien, con agrado y perseverancia,
las devociones y demás cosas de su servicio".
ALBERTO J. VILLAVERDE, S. I.
Año Cristiano,
Tomo II, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.

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