domingo, 25 de mayo de 2014

SAN BEDA, Confesor


25 de Mayo
SAN BEDA,
Confesor
 Si alguno me ama, observará mi palabra,
lo amará, y vendremos a él,
y haremos en él nuestra morada.
(Juan, 14, 23).

   San Beda, apodado el Venerable, desde la edad de siete años fue confiado a San Benito Biscopio para que él lo educara. Fuera del tiempo del Oficio divino, plúgole siempre estudiar, enseñar o escribir, dedicándose sobre todo a la composición de comentarios sobre las Sagradas Escrituras. El día de su muerte, el niño que le servía de secretario le recordó que aún le faltaba componer una frase para acabar su tratado sobre el Evangelio de San Juan. Dictóla el santo y, terminada su obra, recitando el Gloria Patri expiró. Corría el año 735.

MEDITACIÓN ACERCA
DE TRES CLASES DE LIBROS
   I. No leas libros malos, ni siquiera inútiles; éstos hacen perder el tiempo, aquellos inspiran impiedad o impureza. Quieres aprender de ellos a hablar bien, y aprendes a vivir mal. Muchos libros hay en los que aprenderás la ciencia y el talento unidos a la virtud. ¿No los lees? Un mal libro es un tentador continuo, un demonio doméstico; échalo de tu casa; de lo contrario él echará de ella la virtud.
   II. Lee la vida de los santos; al decirte lo que ellos han hecho, te enseñarán lo que tú debes hacer. Te desafío a leer la vida de un santo sin experimentar el deseo de llegar a ser tú mismo un santo. En fin, no dejes pasar ningún día sin hacer alguna lectura espiritual: es el alimento de tu alma; hablas a Dios en la oración. Él te habla en la lectura espiritual: escúchalo, y pon de inmediato en práctica lo que hayas leído. Que tus lecturas o tus oraciones sean continuas; ora dirígete a Dios, ora escucha su palabra. (San Cipriano).
   III. Lee a menudo en el libro de tu conciencia. Todos los otros libros serán inútiles si no conoces éste. Estudia tus inclinaciones, tus defectos, conócete a ti mismo. Este libro será abierto el día del juicio; ¿podrás darlo a conocer sin temor? ¡Cuán pocos hay que se conozcan a sí mismos! Mira en el examen de cada día, y en el examen preparatorio a la confesión, las faltas que has cometido; trae a tu memoria los años transcurridos, y borra con tus lágrimas los pecados escritos en este libro de tu conciencia, no sea que se lo condene a ser quemado. Levántate contra ti mismo en el tribunal de tu conciencia. (San Agustín).
La lectura espiritual
Orad por vuestros enemigos.

ORACIÓN
   Oh Dios, que ilustráis a vuestra Iglesia por la ciencia del bienaventurado Beda, vuestro confesor y doctor, conceded a vuestros servidores ser siempre ilustrados por sus méritos. Por J. C. N. S. Amén.

GREGORIO VII, Papa y Confesor

25 de Mayo
GREGORIO VII,
Papa y Confesor
Sufro por Jesucristo hasta estar en cadenas como un criminal,
pero la palabra de Dios no está encadenada.(2 Timoteo, 2, 9).
 
   Este Papa fue poderoso en obras y en palabras. Con tanto celo trabajó en el restablecimiento de la disciplina eclesiástica, en la propagación de la fe, en la extirpación de los errores y abusos, que puede decirse que ningún Papa, desde los tiempos apostólicos, soportó más penurias y tribulaciones por el bien de la Iglesia, y combatió más valientemente por su libertad. Como muro de acero opúsose a las sacrílegas pretensiones del emperador Enrique IV. Sitió éste a Roma y forzó al Santo Pontífice a refugiarse en Montecasino primero y, después, en Salerno, donde sucumbió al exceso de sus fatigas, el 25 de mayo de 1085. Antes de expirar, pronunció las palabras del Salmista: "He amado la justicia y he odiado la iniquidad"; y agregó: "por ello muero en el exilio".
 
MEDITACIÓN
 ESTA VIDA ES UNA PRISIÓN
PARA EL ALMA
 
   I. Nuestro cuerpo es la prisión de nuestra alma; las cadenas, de que está cargada en esta prisión, le impiden elevarse hasta Dios. El Rey David y el Apóstol de los gentiles dolíanse de esta cautividad. Y tú, oh hombre, amas esta prisión y temes la libertad. ¡Ah! si conocieses la dicha que se gusta en el cielo en la libertad de los hijos de Dios, pedirías al Señor que rompa tus cadenas. ¡Habitantes del cielo, cuán felices sois por haber dejado esta prisión para ir a habitar un palacio de luz!
   II. Nuestras cadenas son nuestras pasiones, nuestra concupiscencia, nuestros deseos y nuestros odios; ello es lo que nos ata a la tierra y nos impide elevarnos hasta Dios. ¡Señor, romped mis cadenas, desasidme de las creaturas, y entonces comenzaré ya desde esta vida el sacrificio de alabanza que debo continuar durante la eternidad! El primer grado de la libertad, es no ser esclavo de las pasiones. (San Agustín).
   III. Estamos, todos, condenados a muerte y sólo por ésta saldremos de nuestra prisión terrenal; es una sentencia que se ejecuta en seguida en algunos y después en otros. Tu cuerpo se consume, tus ojos se debilitan, tus cabellos encanecen... ¿Qué significa eso, si no que tu prisión se desmorona, que pronto tu alma encontrará salida para obtener la libertad? Tiembla, pues, pecador, porque saldrás de esta cautividad para entrar en el infierno. Regocijaos, almas justas; saldréis de la prisión para ascender a un trono. Que lo queramos o no, avanzamos cada día, cada instante, hacia nuestro destino (San Gregorio).

La constancia en las tribulaciones Orad por los  que son perseguidos.
 
ORACIÓN
   Oh Dios, fortaleza de los que en Vos esperan, que habéis revestido al bienaventurado Gregario, vuestro Pontífice, de constancia inquebrantable para la defensa de la libertad de la Iglesia, concedednos, por su ejemplo e intercesión, la gracia de superar valientemente los obstáculos que se oponen a nuestra salvación. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 24 de mayo de 2014

SEXTO DOMINGO DE PASCUA

PRIMERA LECTURA
Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.
Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20

V/. Aclamad al Señor, tierra entera. (o, Aleluya ).
R/. Aclamad al Señor, tierra entera.
V/. Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «Qué temibles son tus obras.»
R/. Aclamad al Señor, tierra entera.
V/. Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.
R/. Aclamad al Señor, tierra entera.
V/. Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente.
R/. Aclamad al Señor, tierra entera.
V/. Fieles de Dios, venid a escuchar;
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica.
R/. Aclamad al Señor, tierra entera.


SEGUNDA LECTURA
Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 3, 15-18

Hermanos:
Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu.
Palabra de Dios


Aleluya Jn 14, 23
Si no se canta, puede omitirse
Aleluya, aleluya.
Si alguno me ama guardará mi palabra
—dice el Señor—, y mi Padre lo amará y vendremos a él.
Aleluya.


EVANGELIO
Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor

 +Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros.
No os dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.
Palabra del Señor.

SÁBADO QUINTA SEMANA PASCUA


PRIMERA LECTURA
Ven a Macedonia y ayúdanos
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16, 1-10
En aquellos días, Pablo fue a Derbe y luego a Listra. Habla allí un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de un griego y de una judía creyente. Los hermanos de Listra y de Iconio daban buenos informes de él. Pablo quiso llevárselo y lo circuncidó, por consideración a los judíos de la región, pues todos sabían que su padre era griego.
Al pasar por las ciudades, comunicaban las decisiones de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para que las observasen. Las Iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día.
Como el Espíritu Santo les impidió anunciar la palabra en la provincia de Asia, atravesaron Frigia y Galacia. Al llegar a la frontera de Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo consintió. Entonces dejaron Misia a un lado y bajaron a Troas.
Aquella noche Pablo tuvo una visión: se le apareció un macedonio, de pie, que le rogaba: «Ven a Macedonia y ayúdanos.»
Apenas tuvo la visión, inmediatamente tratamos de salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 99, 1-2. 3. 5 (R/.: 1)
R/. Aclama al Señor, tierra entera.
O bien:
Aleluya

Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. R/.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.
El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R/.

Aleluya Col 3,1
Ya que habéis resucitado con Cristo,
buscad los bienes de allá arriba,
donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios.

EVANGELIO
No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo
 +Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mi antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: "No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra."
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.»
Palabra del Señor.

viernes, 23 de mayo de 2014

APARICIÓN DE SANTIAGO APÓSTOL

23 de Mayo
APARICIÓN DE

SANTIAGO APÓSTOL
(*)
   Entre los innumerables y señalados beneficios que ha recibido España de su bienaventurado apóstol y defensor Santiago, es digno de eterna recordación y agradecimiento el que alcanzó en Clavijo. Porque dominando aún en España los sarracenos y oprimiendo a los pueblos cristianos con graves y deshonrosos tributos, el rey Rainiro, que había subido al trono de León, rechazó sus injuriosas demandas y procuró con toda sus fuerzas enflaquecer el poder de los moros y librar a nuestra patria de aquella tan dura servidumbre. Hizo pues un llamamiento general a las armas, y juntando un poderoso ejército se entró en las tierras de los enemigos. Abderramán lleno de coraje, llamó en su auxilio hasta las tropas africanas, para salir a su vez al encuentro de los cristianos. Encontráronse los ejércitos cerca de Avelda y en aquella comarca se dio la batalla de poder a poder, y pelearon con dudoso suceso, hasta que cerrando la noche, mandó don Ramiro re tirar sus tropas cansadas y destrozadas al vecino collado llamado Clavijo, donde se fortificó lo mejor que pudo e hizo curar a los heridos. El rey, oprimido de tristeza y de cuidado, se quedó adormecido, y entre sueños se le apareció un varón celestial de gran majestad y grandeza, y preguntándole el rey quién era: "soy, respondió, Santiago Apóstol, a quien ha con fiado Dios la protección de España. ¡Buen ánimo! mañana te ayudaré y alcanzarás ilustre victoria de tus enemigos". Despertó el rey con esta visión y dio cuentas de ella a los obispos que seguían su campo y a los capitanes del ejército; y al amanecer, dada la señal del combate, bajaron las huestes españolas del monte; y como bravos leones se arrojaron sobre los bárbaros, invocando el nombre de Santiago. Asombráronse los sarracenos al ver el ímpetu y valor con que los acometían unos enemigos a quienes contaban por vencidos, y creció más su confusión con los favores que nos vinieron del cielo. Porque Santiago, cumpliendo la palabra que había dado al rey, se dejó ver en el aire, cercado de una luz resplandeciente, que a los cristianos infundía grande confianza y fortaleza, y a los moros terror y espanto. Venía el santo Apóstol montado en un blanco corce1 en una mano traía un estandarte blanco en medio del cual campeaba una cruz roja, y con la otra mano blandía una espada fulminante que parecía un rayo. Capitaneando así nuestra gente se alcanzó la más ilustre victoria. Unos setenta mil sarracenos cayeron muertos en el campo, quedando humillada desde aquel día la soberbia de los moros, y España libre del ignominioso tributo.
 
REFLEXIÓN
  Desde este tiempo comenzaron los soldados españoles a invocar en las guerras al glorioso apóstol como a su valeroso y singular defensor, lo cual hacen en todas las batallas, y la señal para acometer y cerrar con el enemigo, hecha oración y la señal de la cruz, es invocar al santo y decir: "¡Santiago, cierra España!" Y por este singular patrocinio del santo apóstol han tenido felicísimas sucesos y acabado cosas tan extrañas y heroicas que humanamente no parece que se podían hacer. Invoquemos también nosotros al santo para que nos defienda de nuestros enemigos visibles e in visibles y especialmente de los demonios y hombres diabólicos que causan la perdición temporal y eterna de los hombres.
 
ORACIÓN
   ¡Oh gloriosa Santa Rita de Casia! Con el alma llena de confianza por los continuos favores que alcanzas del cielo, en bien de tus fieles devotos, vengo hoy a tu presencia, a rogarte que intercedas con tu Amado Esposo y Redentor del mundo, a fin de que oiga benigno lo que solicito de su gran poder e infinita misericordia. A ti, que recibiste en el transcurso de tu larga y santa vida, tantas y tan repetidas muestras de ser un alma privilegiada de su Amor, te atenderá bondadoso, si le ruegas por mí con ese ardiente fervor que siempre te animaba cuando te postrabas a orar a los pies del santo Crucifijo. Por J. C. N. S. Amén.

 * Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, P Francisco De Paula Morell, S. J., Ed. Difusión, S. A., Buenos Aires, 1943.

VIERNES QUINTA SEMANA PASCUA


PRIMERA LECTURA
Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros,
no imponeros más cargas que las indispensables
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 22-31
En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir algunos de ellos y mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas
Barsabá y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y les entregaron esta carta:
«Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia convertidos del paganismo.
Nos hemos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alarmado e inquietado con sus palabras. Hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, que han dedicado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. En vista de esto, mandamos a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de la fornicación. Haréis bien en apartaros de todo esto. Salud.»
Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la Iglesia y entregaron la carta. Al leer aquellas palabras alentadoras, se alegraron mucho.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 56, 8-9. 10-12 (R/.: 10a)
R/. Te daré gracias ante los pueblos, Señor.
O bien:
Aleluya.

Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. Voy a cantar y a tocar: despierta, gloria mía; despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora. R/.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré para ti ante las naciones: por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza a las nubes. Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria. R/.

Aleluya Jn 15, 15b
A vosotros os llamo amigos —dice el Señor—, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

EVANGELIO
Esto os mando: que os améis unos a otros
 +Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 12-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»
Palabra del Señor.

jueves, 22 de mayo de 2014

SANTA RITA DE CASIA, Viuda


22 de Mayo
SANTA RITA DE CASIA,
(*)
Viuda
   "¿Quién eres Tú, Señor?"
   Pregunta acuciante y angustiosa que nos hacemos muchas veces en la vida ante el roce de Dios. Porque, como dice Müller, "Dios es, en verdad, nuestro único tú en el cielo y en la tierra".
   Nos hacemos esa pregunta siempre que Él se cruza con nosotros y tenemos la sensación de lo trascendente sobre nuestra pobre barraca humana. Entonces la presencia de Dios "se hace carne y habita entre nosotros". Como niños medrosos en la noche clamamos: "¿Quién eres Tú, Señor?", sin atrevernos a creer que es Él quien se ha metido de rondón en nuestras vidas. Dios mismo asiste emocionado a nuestro asombro y se cumplen aquellas palabras de Martín Descalzo en uno de sus poemas: y Dios posó su mano sobre el alma del hombre, y todos los rincones comenzaron de pronto a tener su sentido.
   Dios tiene infinitas maneras de hacerse presente. Pero casi siempre se le adivina. Y, dentro de esas infinitas maneras, tiene como modos que le son más propios y característicos. Hay un estilo de Dios.
   Uno de los rasgos que le distinguen, una de las formas de hacerse presente es la de tomarse "revanchas a lo divino". Entonces Dios es más grande, más majestuoso, más inaccesible a nuestra raquítica talla que cuando despide rayos desde el Sinaí. Porque entonces es el Dios del Evangelio, el Dios que, a fuerza de ser bueno, hace el milagro de hacernos buenos a nosotros.
   ¡Revanchas de Dios! ¿Quién no las ha experimentado en su vida personal y no las ha presenciado en el mundo y en la Iglesia?
   Los santos suelen ser las figuras representativas de esas "revanchas a lo divino" porque sólo ellos se prestan a colaborar con absoluto desinterés en los planes de Dios.
   Un escenario: Italia. Una época: últimas décadas de la Edad Media. Unos personajes: Urbano VI, el antipapa Roberto, Pedro de Luna...
   Las ausencias de los papas en Roma por la falta de seguridad de Italia y por la lucha de los partidos en Roma provocan el cisma de Occidente, con todas sus consecuencias de relajación, indisciplina y desorientación de los espíritus.
   Wenceslao tenía entre sus manos el Imperio de Occidente. Manuel Paleólogo había sucedido a su padre en el Imperio de Oriente, que había entregado al sultán Bayaceto. Casia, después de su rebelión a la Santa Sede, se vio obligada a combatir con los güelfos.
   La Iglesia tenía razón para llorar su unidad rota, las costumbres licenciosas de sus hijos, la servidumbre de los papas al poder real.
   Los derechos de Dios son conculcados. Urge una revancha por parte de Dios, pero Él se la toma a lo divino.
   Para confundir a los fuertes y "a los que son" saca de "los que no son" una espada que ha quedado blandiéndose en los siglos sobre aquel gris informe de tormentas y vejaciones. La saca de Roca Porrena, aldeílla próxima a Casia, perteneciente a la Umbría, para que tenga sólo la luz y la fuerza recibidas de Dios.
   Rita de Casia es una revancha a lo divino contra los abusos del Medioevo italiano.
   Es una manera de hacerse Dios presente. Bien se podían preguntar en Italia ante aquélla niña ignorante y extraordinariamente poderosa: "¿Quién eres Tú, Señor?".
   Se sentía a su contacto el contacto de Dios.
   Vivió Rita setenta y seis años. Y fue santa en todas las penosas alternativas de su vida. Pasó por todos los estados: matrimonio, viudez, consagración a Dios en el claustro.
   Dice Thomas Merton que "cada llamada especial confiere al hombre un lugar particular en el misterio de Cristo, le otorga algo que hacer por la salvación de la Humanidad". Pues bien; a Santa Rita le otorgó Dios mucho quehacer por la salvación de la Humanidad al hacerla pasar sucesivamente por todos los estados.
   Nace la niña el 22 de mayo de 1381 de una madre estéril. Sin duda, Amada Ferri, como Sara o Isabel, dio saltos de júbilo al sentir sus entrañas fecundas. Y se siguen los prodigios que, contemplados hoy desde la atalaya de su santidad, son como lucecillas de Dios en el camino doloroso de su vida. ¿Qué le cuesta a Dios rebasar el orden de la naturaleza por amor a sus escogidos o por amor a cualquiera de sus hijos? Lo raro es que no lo rebase mas veces. ¿Será porque nuestra fe no es ni como un grano de mostaza?
   Y, como a todos, le llegó a Rita esa edad en que canta la sangre en las entrañas, y los dientes en sonrisas blancas, y la mirada en una luz nueva... Trece años. Sus padres la casaron. Con ello su carrera hacia Dios se hizo más consciente, más crucificada.
   Los procesos de canonización recorren esos caminos intrincados y luminosos. ¡Cuántas virtudes! ¡Cuánta maravilla! ¡Cuánto de Dios! Me estremecía tenerlos en las manos, porque allí se me hacían vida fresca e inmolada desde el amanecer hasta el ocaso. Y era mucho el peso de tanta santidad.
   Santa Rita vive su matrimonio ungida con la mirra más amarga. Fernando Pablo es cruel. Y la reduce a una vida dura y penosa. Así dieciocho años. Hasta que él muere asesinado. Los santos aman con una intensidad y con una pureza extraordinarias, porque su amor es la quintaesencia del amor, y el corazón de la Santa sufre.
   La encina nacida entre los riscos de la Umbría tiene estremecimientos terriblemente dolorosos. Es fuerte, pero se siente sacudida hasta las raíces más íntimas de su ser. Sus hijos Juan Santiago y Pablo María quieren vengar la muerte de su padre. Ella ofrece sus vidas antes de que lleguen a consumar el crimen y mueren los dos. No quedan ya lágrimas en los ojos de aquélla mujer, que templa su fortaleza en la Madre de un Hijo que murió por todos. Ahora ya puede realizar sus primeras aspiraciones; consagrarse totalmente a Dios en el retiro de un convento de agustinas. Pero es rechazada porque no es virgen.
   ¡Qué madurez maravillosa la de Rita! Huele su campo a espigas granadas y en la quietud serena de sus treinta y dos años puede ya contemplar su vida fecunda a lo humano y a lo divino.
   Es preciso que vuelva Dios a intervenir con un prodigio para que Rita sea admitida en el convento. Tres santos la introducen en él milagrosamente. Tommaso Nediani describe así este pasaje de la vida de la Santa:
   "Non c'e nessuno a la finestra e la via è silente e deserta, ma una gran luce meridiana tiene il cielo. Infine ella vide, no, non sogna, è ben desta: i suoi Santi Patroni in una luminosa aureola d'oro, Yaustero Giovanni Battista nella pelle di camello, Sant'Agostino nel ieratico paludamento episcopale, e San Nicole da Tolentino nel nero saio agostiniano, che I'invitano ad andare con loro."
   Viene después la época de intensas efusiones divinas. El dolor pasado ha concentrado y purificado el amor, y ahora su unión con la voluntad divina, su oración, su amor a la Eucaristía, su entrega al prójimo, su fortaleza, su prudencia, su justicia, alcanzan unas cimas insospechadas.
   Hemos dicho que Santa Rita era "una revancha a lo divino". Allí, en un rincón de la Umbría, como un gigante, mientras la Iglesia se desangra, lucha ella las grandes batallas de Dios. Porque estas batallas no se ganan con fuego y con acero, sino con la sangre del propio corazón a costa de un holocausto secreto y constante.
   Allí vivió pobre, obediente y casta. Bien se le podían aplicar aquellas palabras de San Agustín: "Custodi obedientiam, ut percipias sapientiam et percepta sapientia, noli deserere obedientiam" (S. AUGUST., In Ps. 118, XXII, 12). Ella adquirió esa sabiduría ignorada, pero nunca abandonó la obediencia. Penetró hondamente el misterio de la cruz. Como Francisco de Asís, se ve sellada con uno de los estigmas de la Pasión: una espina en la frente, que le produce dolores insoportables y el martirio de ser enojosa a los demás por el repugnante olor que despedía.
   ¿Alucinación? ¿Histerismo? ¿Fantasía?
   No; es el misterio de la cruz incorporado a su vida, que es ya un tejido indescifrable de dolores. Pero esta crucifixión interior no se manifiesta al exterior más que por un derroche casi infinito de dulzura y de caridad. El amor ha llegado a su plenitud y se desborda en entregas.
   Va a Roma. Aquella Roma combatida recibiría con la visita de la Santa un impacto nuevo.
   No faltan en el último período de la vida de Rita detalles deliciosamente poéticos. Cuando su alma es como una viña cargada de frutos maduros, en un día blanco y adusto de enero, fue a visitarla una amiga. Al despedirse le dijo que si quería algo para su aldea.
   -Sí  le contestó-. Os ruego que, apenaas lleguéis al pueblo, vayáis al huerto de mi casa, cortéis allí una rosa y me la traigáis.
   También le pidió dos higos maduros.
   La mujer creyó que la Santa deliraba. No sabía que los delirios de los santos, Dios los hace realidades. En el jardín encontró milagrosamente florecida una rosa y maduros los higos.
   ¡Qué significativo es este pasaje de su vida! Tiene conmovedoras resonancias del Cantar de los Cantares, cuando el Esposo, ansioso ya de la plena posesión de la Esposa, le canta:
   "Levántate, amiga mía, esposa mía, y ven, que ya ha pasado el invierno y han cesado las lluvias. Ya, han brotado en la tierra las flores.... ya ha echado la higuera sus brotes... Levántate, amada mía, esposa mía, y ven" (3, 10-13).
   ¡Qué importa que la naturaleza esté de invierno, si el alma de Rita está como los trigales, rojos y granados por el sol!
 El 22 de mayo, al cumplir cabalmente setenta y seis años, en el año de gracia de 1457, entregó a Dios su espíritu.
   Sirvió de edificación en su muerte, como había servido en su vida, porque la muerte de los justos es preciosa a los ojos de Dios.
   Fue santa hasta la hora de nona... y ¡qué difícil resulta eso a la frágil naturaleza humana!
   Una santa de la Edad Media que podría emplazarse muy bien en el siglo XX.
   Una maravillosa conjugación de valores divinos y humanos, de estados de vida.
   La noche de la fe de los santos, y por extensión de los cristianos, es la contrapartida más lograda a la noche de desesperanza y angustia de la época actual.
   Los modernos pensadores hablan de "un hálito oscuro" que impregna los años que están por vivir. Ese vaho todo lo vuelve negro y amargo, monótono y vacío. Es el paso de la angustia, que troncha de raíz la vida del espíritu.
   En cambio, en las noches de la fe, aunque más torturantes porque el alma ha experimentado en otros tiempos algo de la luz de Dios, "estamos llenos de presentimientos, experimentamos una proximidad muy grande como de brazos abiertos y desde las estrellas un interminable advenimiento..." "Nos hallamos envueltos por este nocturno raudal de la luz de la fe, y allí estamos y vivimos, amando como se ama con sencillez, sin buscar la razón o la esencia de la vida" (MÜLLER, Angustia y esperanza).
   La fe es la que tiene poder para cambiar el "hálito oscuro" de los modernos pensadores en hálito de esperanza. Y ya con la esperanza se superan obstáculos, se allanan los caminos.
   Los santos están revestidos de un cierto sentido de infinitud y producen en el alma la impresión de lo que está muy cerca de Dios. Dijimos que Él les constituye en sus colaboradores, y por ello se obliga a regalarles más con sus dones. Los santos son un eco de la eternidad de Dios. Por eso para ellos no hay tiempos ni lugares, aunque también respondan, en el orden de la Providencia, a la necesidad concreta de un tiempo y un espacio.
   Santa Rita, como todos los santos, es un triunfo definitivo de la fe y del amor. De ese amor que nunca se da por vencido.
Mª DEL PILAR ALASTRUÉ CASTILLO



ORACIÓN
   ¡Oh gloriosa Santa Rita de Casia! Con el alma llena de confianza por los continuos favores que alcanzas del cielo, en bien de tus fieles devotos, vengo hoy a tu presencia, a rogarte que intercedas con tu Amado Esposo y Redentor del mundo, a fin de que oiga benigno lo que solicito de su gran poder e infinita misericordia. A ti, que recibiste en el transcurso de tu larga y santa vida, tantas y tan repetidas muestras de ser un alma privilegiada de su Amor, te atenderá bondadoso, si le ruegas por mí con ese ardiente fervor que siempre te animaba cuando te postrabas a orar a los pies del santo Crucifijo. Por J. C. N. S. Amén.
   
  • * Año Cristiano, Tomo II, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.