"Quién fue
el que primero introdujo en África la fe cristiana se disputa aún; pero consta
que ya antes de la misma edad apostólica floreció allí la religión, y
Tertuliano nos describe de tal manera la vida pura que los cristianos africanos
llevaban, que conmueve el ánimo de sus lectores. Y en verdad que aquélla región
a ninguna parecía ceder en varones ilustres y en abundancia de mártires. Entre
éstos agrada conmemorar los mártires scilitanos, que en Cartago, siendo
procónsul Publio Vigellio Saturnino, derramaron su sangre por Cristo, de las
preguntas escritas para el juicio, que hoy felizmente se conservan, se deduce
con qué constancia, con qué generosa sencillez de ánimo respondieron al
procónsul y profesaron su fe. Justo es también recordar los Potamios,
Perpetuas, Felicidades, Ciprianos y "muchos hermanos mártires" que
las Actas enumeran de manera general, aparte de los mártires aticenses,
conocidos también con el nombre de "masas cándidas", o porque fueron
quemados con cal viva, como narra Aurelio Prudencio en su himno XIII, o por el
fulgor de su causa, como parece opinar Agustín. Pero poco después, primero los
herejes, después los vándalos, por último los mahometanos, de tal manera
devastaron y asolaron el África cristiana que la que tantos ínclitos héroes
ofreciera a Cristo, la que se gloriaba de más de trescientas sedes episcopales
y había congregado tantos concilios para defender la fe y la disciplina, ella,
perdido el sentido cristiano, se viera privada gradualmente de casi toda su
humanidad y volviera a la barbarie."
lunes, 3 de junio de 2013
LUNES DE LA IX SEMANA
PRIMERA
LECTURA
Tobías temía
a Dios más que al rey
Lectura del libro de Tobías 1, 1a. 2;
2, 1-9
Tobías,
ciudadano de la tribu de Neftalí, fue deportado en tiempo de Salmanasar, rey de
Asiria; a pesar de vivir en el exilio, no abandonó el camino de la verdad.
El
día de la fiesta del Señor, Tobías, que tenía preparada una buena comida en su
casa, dijo a su hijo:
–Vete
a invitar a algunos hombres piadosos de nuestra tribu, para que coman con
nosotros.
A
poco de marchar, regresó diciendo que habían estrangulado a un israelita y lo
habían tirado en la plaza.
Pegó
un salto, dejó la mesa sin probar bocado y fue a donde estaba el cadáver; lo
recogió y a escondidas se lo llevó a casa, para enterrarlo sigilosamente a la
caída del sol. Una vez escondido el cadáver, se puso a comer, apenado y desazonado,
recordando lo que había dicho el Señor por medio del profeta Amós: «Vuestras
fiestas se convertirán en funerales y elegías.»
Una
vez puesto el sol, se fue a enterrarlo. Los vecinos le regañaban, diciéndole:
–Por
este motivo te condenaron una vez a muerte, y a duras penas te libraste de le
ejecución, ¿cómo es posible que vuelvas a lo mismo?
Pero
Tobías, que temía a Dios más que al rey, seguía recogiendo los cadáveres de los
asesinados, los escondía en su casa y a media noche los enterraba.
Palabra del
Señor.
Salmo responsorial Sal 111,
1-2.3-4. 5-6
R.
Dichoso quien teme al Señor.
O bien:
Aleluya.
Dichoso
quien teme al Señor
y ama de
corazón sus mandatos.
Su linaje
será poderoso en la tierra,
la
descendencia del justo será bendita. R.
En su casa
habrá riquezas y abundancia,
su caridad
es constante, sin falta.
En las
tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo. R.
Dichoso el
que se apiada y presta,
y administra
rectamente sus asuntos.
El justo
jamás vacilará,
su recuerdo
será perpetuo. R.
EVANGELIO
Agarraron al
hijo querido, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña
+ Lectura del santo Evangelio según
San Marcos 12, 1-12
En
aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los
letrados y a los senadores:
–Un
hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la
casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo
envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña.
Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les
envió otro criado: a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo
mataron; y a otros muchos, los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo
querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían.
Pero
los labradores se dijeron:
–Este
es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia.
Y
agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
¿Qué
hará el dueño de la viña? Acabará con los labradores y arrendará la viña a
otros.
¿No
habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la
piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?
Intentaron
echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la
gente, y se marcharon.
Palabra del
Señor.
domingo, 2 de junio de 2013
FIESTA DEL SANTÍSIMO CUERPO DE CRISTO
JUEVES SIGUIENTE A LA FIESTA DE LA
SANTÍSIMA TRINIDAD
Grande inestimable dignidad dan al pueblo cristiano los inmensos beneficios que
de la divina largueza ha recibido. Porque no hay ni hubo jamás tan esclarecida
nación, que tuviese dioses tan allegados y vecinos como lo es para nosotros
nuestro Dios. Queriendo el Unigénito del Padre celestial hacernos participantes
de su divinidad, revistióse de nuestra naturaleza, para que hecho hombre,
hiciese dioses a los hombres. Y aun esto que tomó de nuestro linaje, todo lo
empleó para nuestra salud y remedio: su cuerpo ofreció como hostia de
reconciliación a Dios Padre en el ara de la cruz: su sangre derramó como precio
de nuestro rescate, y como agua en que nos limpiásemos de todas nuestras
culpas; y para que tuviésemos un continuo recuerdo de tan gran beneficio, nos
dejó su Cuerpo y Sangre, para que debajo de las especies de pan y de vino, le
recibiesen los fieles. ¡Oh precioso y admirable convite, saludable y lleno de
toda suavidad! En él, el pan y el vino se convierten substancialmente en el
cuerpo y la sangre de Cristo; y Cristo verdadero Dios y hombre, está debajo de
las especies de un poco de pan y de vino. De esta suerte es comido por los
fieles, y no es despedazado; antes, dividido el Sacramento, permanece entero en
cada partícula. Los accidentes subsisten en él sin la substancia; no hay
sacramento más saludable que éste, con el cual se limpian los pecados, se
acrecientan las virtudes, y el alma se alimenta con la abundancia de todos los
espirituales carismas. Ofrécese en la Iglesia por los vivos y por los difuntos,
para que a todos aproveche lo que para la salud de todos fue instituido.
Finalmente, la suavidad de este Sacramento nadie puede explicarla; pues en él
se gusta la dulzura espiritual. en su misma fuente, y se renueva la memoria de
aquélla infinita caridad que mostró Cristo en su Pasión. Y así para que más
hondamente se imprimiese en los corazones de los fieles la inmensidad de aquel
amor, instituyó este Sacramento en la última cena, cuando después de celebrar
la Pascua con los discípulos, iba a pasar de este mundo al Padre: y lo dejó
para que fuese memorial perenne de su Pasión, cumplimiento de las figuras de la
ley antigua, el mayor de los milagros que obró, y particular consuelo de los
que habían de entristecerse con su ausencia. Conviene, pues, a la devoción de
los fieles, hacer solemne memoria de la institución de tan saludable y tan
maravilloso Sacramento, para que veneremos el inefable modo de la divina
presencia en este Sacramento visible y sea ensalzado el poder de Dios, que obra
en él tantas maravillas, y se le hagan las debidas gracias por merced tan
saludable y regalo tan dulce. (Serm. de Sto. Tomás de A., opúsc. 57).
HISTORIA DE ESTA CELEBRACIÓN *
En 1208, habitaba en un monasterio de religiosas hospitalarias, una joven de 16
años, llamada Juliana de Monte Cornillon. Devotísima del Santísimo Sacramento,
gustaba meditar profundamente en ese misterio de amor. Una noche vio en sueños
una especie de luna llena, pero desportillada y oscura en uno de sus radios. La
visión se repitió en adelante en otras muchas veces. Al cabo de dos años de
oraciones y penitencias, le pareció entender que el disco luminoso figuraba el
ciclo de fiestas litúrgicas, y que el espacio vacío y oscuro acusaba en él la
falta de una solemnidad importante, que era la de Santísimo Sacramento. Animada
por sobrenatural impulso, trabajó con las autoridades eclesiásticas para que
dicha fiesta se estableciera en la Iglesia, y en 1264 el Papa Urbano IV la
extendió a la Iglesia universal(1); Clemente V, en 1311, la declaró
obligatoria para toda la cristiandad, y Juan XXII; en 1316, la completó con una
Octava privilegiada y una solemne Procesión.
"Aunque ya se hace memoria (de la
institución de la sagrada Eucaristía) en el cotidiano Sacrificio de la Misa,
creemos no obstante que, para confundir la perfidia de los herejes, es digno de
que, por lo menos una vez al año, se celebre en su honor una fiesta especial.
De esta manera se podrán reparar todas las faltas cometidas en todos los
sacrificios de la Misa y pedir perdón de las irreverencias en que se haya
incurrido durante su celebración y del descuido en asistir a ella...".
Así se expresaba el Papa Urbano IV en su bula, indicando a la vez el objeto y
el espíritu de esta nueva solemnidad.
Como se ve, todo gira aquí en torno a la
idea del Santo Sacrificio de la Misa, que es el objeto principal de la devoción
eucarística en general o de la fiesta del Corpus en particular. Es un toque de
atención para encarecer la importancia de la Misa, y una fiesta de reparación y
desagravio por la defectuosa asistencia, por parte de unos, y la inasistencia,
por parte de otros, al augusto Sacrificio.
REFLEXIÓN
¡Con cuánta solemnidad celebra la Iglesia
este santo día! Para él guarda la procesión más solemne del año en la cual es
llevado en triunfo Jesucristo Sacramentado, como a Rey de todos los hombres.
Desea que nadie se dispense de asistir a ella: sino con grave causa. Pero una
vez que asistamos, sea no por humanas miras o respetos que tanto desagradan a
Dios, sino por agradecerle de corazón el inmenso beneficio de quedarse entre
nosotros hasta el fin del mundo.
ORACIÓN
Oh Dios, que en un admirable
Sacramento nos dejaste memoria de tu Pasión, rogámoste nos concedas, que
Veneremos los sagrados misterios, de tu cuerpo y sangre, de manera que
experimentemos continuamente en nosotros el fruto de tu redención. Que vives y
reinas por los siglos de los siglos. Amén.
- * "La Flor de la
Liturgia", R. P. Andrés Azcárate O.S.B., pag 539, 5ª ed., 1945.
- (1) Mucho debieron animar al Papa a la institución de la fiesta los varios milagros eucarísticos confirmando la Real Presencia acaecidos en los últimos años, y sobre todo el más reciente y ruidoso de Bolsena, donde en 1262, celebrando un sacerdote incrédulo la Santa Misa, después de la Consagración manó verdadera sangre de la Hostia empapando los corporales, manteles y mesa del altar.
sábado, 1 de junio de 2013
SAN IÑIGO, Abad
1 de Junio
SAN IÑIGO,(*)
Abad
SAN IÑIGO,(*)
Abad
San Iñigo, decoroso ornamento de la Orden
de San Benito, nació en Calatayud, ciudad antiquísima y muy noble de la corona
de Aragón. Sus padres fueron mozárabes, esto es, cristianos mezclados con los
árabes, los cuales dieron a Iñigo una educación conforme a las piadosas máximas
del Evangelio. Llegado el ilustre joven a edad competente, dejó su patria, sus
padres y sus cuantiosos bienes, y se retiró a los montes Pirineos, donde pasó
algún tiempo. en la contemplación de las grandezas divinas; mas llegando a su
noticia la santidad de los monjes que vivían en el célebre monasterio de san
Juan de la Peña, establecido en lo alto de las montañas de Jaca, resolvió
abrazar la regla de san Benito. Hecha ya su solemne profesión, cuando era amado
y venerado de todos los monjes por sus eminentes virtudes, alcanzó licencia del
esclarecido abad, llamado Paterno, para retirarse a un espantoso desierto de
las montañas de Aragón, donde resucitó con sus austeridades las imágenes de
penitencia que se leen de los solitarios de la Tebaida, de la Nitria y de la
Siria; y donde atraía a gran número de gentes que aprovechaban sus saludables
instrucciones. Mas habiendo fallecido por este tiempo el primer abad del
monasterio de Oña, llamado García, y deseando el rey Sancho nombrar un digno
sucesor del difunto, envió tres veces embajadores al santo para que aceptase
aquel cargo y aun pasó el mismo rey personalmente al desierto y logró al fin
rendirle y traerlo consigo a aquel monasterio. En su gobierno practicó con gran
eminencia todas las virtudes del más perfecto prelado, a los pobres oprimidos
pagaba sus créditos, buscábales para mantenerlos y vestirlos, libró a muchos
presos de las cárceles, redimió cautivos y obró esclarecidos milagros. Cuando
le acometió su última enfermedad en un pueblo llamado Solduengo y tomó al
anochecer el camino para Oña a fin de consolar a sus hijos, se le aparecieron
dos ángeles en figura de dos hermosísimos niños vestidos de blanco con sus
hachas encendidas, los cuales le acompañaron hasta el monasterio. En la hora de
su muerte se llenó el ámbito de su celda de un resplandor celestial y se oyó
una voz que dijo: Ven, alma dichosa, a gozar de la bienaventuranza de tu
Señor. Celebráronse
con gran pompa sus funerales, y no sólo los cristianos, sino también los judíos
y los moros concurrieron a sus exequias y rasgaron sus vestiduras con grandes
muestras de sentimiento.
REFLEXIÓN
El abad Juan, sucesor del santo, decía de
él en su oración fúnebre estas palabras: "Hemos visto, hermanos, llenos de
espiritual consuelo, y entre lágrimas y sollozos como ha sido arrebatado el
justo de esta vida. No habrá lugar tan remoto en el mundo, al que no haya conmovido
el tránsito de nuestro santísimo padre Iñigo, ni sitio tan ajeno de religión
cristiana, donde no se llore su muerte. Llora la Iglesia de haber perdido tal
sacerdote, pero se alegra el paraíso habiendo recibido tan gran santo: lloran
los pueblos, pero se alegran los ángeles, gimen las provincias, pero triunfan
los coros celestiales en la recepción de aquel varón santísimo, que deseaba
diariamente volar a ella cuando decía: ¡Cuán amables son, Señor Dios de las
virtudes, tus tabernáculos! (Ps. 83). ¡Ojalá que nuestra muerte sea también la muerte de los justos,
llorada de los buenos y celebrada de los ángeles! ¡Oh, cuán prudentes y dignos
de toda alabanza son los hombres que considerando como negocio principal del
hombre el negocio de la virtud, emplean su vida en obrar el bien y edificar a
sus semejantes!
ORACIÓN
Háganos: Señor, agradables a ti,
como te lo pedimos, la intercesión de san Iñigo abad, para que por su
patrocinio alcancemos lo que no podemos esperar de nuestros propios méritos.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
- * Flos Sanctorum de la Familia
Cristiana, P Francisco De Paula Morell, S. J., Ed. Difusión, S. A., Buenos
Aires, 1943.
viernes, 31 de mayo de 2013
VIERNES. LA VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA, Fiesta
La Visitación de la
Virgen María
Fiesta
PRIMERA
LECTURA
El Señor será
el rey de Israel, en medio de ti
Lectura de la profecía de
Sofonías 3, 14-18
Regocíjate,
hija de Sión;
grita de
júbilo, Israel;
alégrate y
gózate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha
cancelado tu condena,
ha expulsado
a tus enemigos.
El Señor
será el rey de Israel,
en medio de
ti, y ya no temerás.
Aquel día
dirán a Jerusalén:
«No temas,
Sión,
no
desfallezcan tus manos.
El Señor, tu
Dios, en medio de ti,
es un
guerrero que salva.
El se goza y
se complace en ti,
te ama y se
alegra con júbilo
como en día
de fiesta.»
Apartaré de
ti la amenaza,
el oprobio
que pesa sobre ti.
Palabra de
Dios.
O bien:
Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 9-16b
Hermanos:
Que
vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno.
Como
buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a
uno mismo.
En
la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes.
Servid
constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la
tribulación, sed asiduos en la oración.
Contribuid
en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.
Bendecid
a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.
Con
los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad.
Tened
igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos
al nivel de la gente humilde.
Palabra de
Dios.
Salmo Responsorial Is
12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 6b)
R. Qué
grande es en medio de ti el Santo de Israel.
El Señor es
mi Dios y salvador:
confiaré y
no temeré,
porque mi
fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi
salvación.
Y sacaréis
aguas con gozo
de las
fuentes de la salvación. R.
Dad gracias
al Señor,
invocad su
nombre,
contad a los
pueblos sus hazañas,
proclamad
que su nombre es excelso. R.
Tañed para
el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas
a toda la tierra;
gritad
jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande
es en medio de ti
el Santo de
Israel.» R.
Aleluya
Cf. Lc 1, 45
Dichosa tú,
Virgen María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
EVANGELIO
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56
En
aquellos días, Maria se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo
de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En
cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó
Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
–«¡Bendita
tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién
soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis
oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído,
porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo:
–«Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su
nombre es santo,
y
su misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
Él
hace proezas con su brazo:
dispersa
a los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y
enaltece a los humildes,
a
los hambrientos los colma de bienes
y
a los ricos los despide vacíos.
Auxilia
a Israel, su siervo,
acordándose
de la misericordia
–como
lo había prometido a nuestros padres–
en
favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María
se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del
Señor.
jueves, 30 de mayo de 2013
JUEVES DE LA VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
PRIMERA
LECTURA
La gloria del
Señor se muestra a todas sus obras
Lectura del libro del Eclesiástico
42, 15-26
Voy a
recordar las obras de Dios
y a contar
lo que he visto:
por la
palabra de Dios son creadas
y de su
voluntad reciben su tarea.
El sol sale
mostrándose a todos,
la gloria
del Señor a todas sus obras.
Aun los
santos de Dios no bastaron
para contar
las maravillas del Señor.
Dios
fortaleció sus ejércitos,
para que
estén firmes en presencia de su gloria.
Sondea el
abismo y el corazón,
penetra
todas sus tramas,
declara el
pasado y el futuro
y revela los
misterios escondidos.
No se le
oculta ningún pensamiento
ni se le
escapa palabra alguna.
Ha
establecido el poder de su sabiduría,
es el único
desde la eternidad;
no puede
crecer ni menguar
ni le hace
falta un maestro.
¡Qué amables
son todas tus obras!
Y eso que no
vemos más que una chispa.
Todas viven
y duran eternamente
y obedecen
en todas sus funciones.
Todas
difieren unas de otras,
y no ha
hecho ninguna inútil.
Una excede a
otra en belleza:
¿quién se
saciará de contemplar su hermosura?
Palabra del
Señor.
Salmo responsorial Sal 32,
2-3.4-5. 6-7. 8-9
R. La
palabra de Dios hizo el cielo.
Dad gracias
al Señor con la cítara,
tocad en su
honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un
cántico nuevo,
acompañando
los vítores con bordones. R.
Que la
palabra del Señor es sincera,
y todas sus
acciones son leales;
El ama la
justicia y el derecho,
y su
misericordia llena la tierra. R.
La palabra
del Señor hizo el cielo,
el aliento
de su boca, sus ejércitos;
encierra en
un odre las aguas marinas,
mete en un
depósito el océano. R.
Tema al
Señor la tierra entera,
tiemblen
ante él los habitantes del orbe:
porque él lo
dijo, y existió,
él lo mandó,
y surgió. R.
EVANGELIO
Maestro, haz
que pueda ver
+ Lectura del santo Evangelio según
San Marcos 10, 46-52
En
aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el
ciego Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba sentado al borde del camino pidiendo
limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
–Hijo
de David, Jesús, ten compasión de mí.
Muchos
le regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:
–Hijo
de David, ten compasión de mí.
Jesús
se detuvo y dijo:
–Llamadlo.
Llamaron
al ciego, diciéndole:
–Animo,
levántate, que te llama.
Soltó
el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús
le dijo:
–¿Qué
quieres que haga por ti?
El
ciego le contestó:
–Maestro,
que pueda ver.
Jesús
le dijo:
–Anda,
tu fe te ha curado.
Y
al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
Palabra del
Señor.
miércoles, 29 de mayo de 2013
SAN MAXIMINO, Obispo de Tréveris
29 de Mayo
SAN MAXIMINO,(*)
Obispo de Tréveris
SAN MAXIMINO,(*)
Obispo de Tréveris
Fue san Maximino natural de la ciudad de
Poitiers, fue hijo de padres clarísimos en linaje, descendientes de senadores.
Tuvo por hermano a san Majencio, que fue obispo de Poitiers, y él a su vez lo
fue de Tréveris, por nombramiento de san Agricio y consentimiento de todos los
clérigos. Grandes fueron las cosas que hizo en defensa de la fe católica sin
temer jamás al emperador Constancio, hereje arriano. Cuando todo el Oriente se
levantó contra el glorioso san Atanasio, que andaba huido y desterrado, no hallando
donde acogerse en todo el imperio, san Maximino le recibió y le tuvo hospedado
en su casa hasta que pasó aquella tempestad. Hizo juntar un concilio en Colonia
para excomulgar y privar de la cátedra al obispo Eufrates, hereje, que perdía
aquella tierra. Hallóse también en el concilio celebrado en Milán para expulsar
a los herejes Eusebinos, y de acuerdo con san Atanasio y el Papa Julio y el
célebre Osio de Córdoba, propuso san Maximino al emperador Constancio la
necesidad de un concilio general que se celebró en Sárdica, donde fue de nuevo
restablecido en su silla san Atanasio, y depuestos los principales Eusebianos.
Aunque estos se reunieron después en Filipópoli de Tracia y tuvieron allí un
conciliábulo que llamaron de Sárdica, para confundir con este equívoco las
decisiones del verdadero concilio, y osaron excomulgar a san Maximino, al Papa
Julio, a Osio y a san Atanasio, no pudieron con toda su malicia prevalecer
sobre la entereza con que el santo defendió la verdadera fe. Acreditó el
glorioso san Maximino la verdad católica alumbrando ciegos, sanando
paralíticos, curando endemoniados y obrando muchos y extraños prodigios. Yendo
una vez camino de Roma con san Martín, un oso feroz les mató el jumentillo que
les llevaba la ropa; entonces san Maximino mandó al fiero animal que
tomase sobre sí la carga, lo cual hizo el oso llévándola hasta un lugar llamado
Ursaria, donde san Maximino lo despidió. Finalmente lleno de méritos y
trabajos, murió en Poitiers, y su sagrado cuerpo fue trasladado a
Tréveris con grande solemnidad, obrando el Señor por él innumerables prodigios.
El terror a los normandos, que pasaban a sangre y fuego los templos y
monasterios, movió a algunos religiosos a ocultar las reliquias de san Maximino
en el año 882, dentro de una cueva; con este motivo se perdió la noticia de
ellas, hasta que habiéndose caído una grande peña, abrió con el golpe parte
del sepulcro, y fueron descubiertas por la fragancia que despedían, y se vio
con admiración de todos entero el santo cuerpo, e intactos sus vestidos al cabo
de tantos años.
REFLEXIÓN
Quiere Dios para gloria suya y de sus
santos que los animales y la naturaleza les estén sujetos, como se veía en san
Maximino. ¿Y, qué hombre tan ciego hay que no vea por estos argumentos que la
religión católica que autorizan los santos con sus milagros, es la que enseñó a
los hombres aquel mismo Dios omnipotente que hizo el cielo y la tierra?
Recibámosla pues de su mano divina como hemos recibido de ella el cuerpo y el
alma; y así como le somos agradecidos por la luz de los ojos que nos ha dado,
tanto y mucho más debemos darle gracias por la luz sobrenatural de la fe, que
ha infundido en nuestras almas, y por la revelación que ha hecho a los hombres
de su divina verdad por medio de Jesucristo, testigo de sus soberanos secretos.
ORACIÓN
Suplicámoste, oh Dios todopoderoso, que
en esta venerable solemnidad de tu confesor y pontífice san Maximino,
acrecientes en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de nuestra eterna
salud. Por J. C. N. S. Amén.
- * Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, P Francisco De Paula Morell, S. J., Ed. Difusión, S. A., Buenos Aires, 1943.
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