lunes, 2 de febrero de 2026

FIESTA DE LA PURIFICACIÓN



2 de febrero
FIESTA DE LA PURIFICACIÓN
 
Cumplido asimismo el tiempo de la purificación de la
madre, según la ley de Moisés, llevaron el niño
a Jerusalén, para presentarlo al Señor.
(Luc. 2, 22).

   
María va al templo a someterse a la ley de la purificación, aunque esté exenta de ella en su calidad de virgen y de Madre de Dios. Va al templo a presentar a Jesús a su Padre Eterno; lo rescata ofreciendo por él dos tortolitas. Simeón, a quien el Señor  ha revelado que no morirá sin haber visto al Mesías, lo reconoce en los brazos de María, lo adora, y predice a su santísima Madre todo lo que Ella deberá sufrir.

2 de febrero. LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR, Fiesta

PRIMERA LECTURA
Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis

Lectura de la profecía de Malaquías 3, 1-4

Así dice el Señor:
«Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí.
De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis.
Miradlo entrar -dice el Señor de  los ejércitos-.
¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca?
Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata,
como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido.
Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»
Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 23, 7. 8. 9. 10 (R.: 10b)

R. El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.
¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. R.
-¿Quién es ese Rey de la gloria? -El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra. R.
¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. R.
-¿Quién es ese Rey de la gloria? -El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria. R.


SEGUNDA LECTURA
Tenía que parecerse en todo a sus hermanos

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 14-18

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaba la vida entera como esclavos.
Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.
Palabra de Dios.


Aleluya Lc 2, 32

Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.


EVANGELIO
Mis ojos han visto a tu Salvador

 +Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
-«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:
-«Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor.


O bien más breve: 

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-32
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
-«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Palabra del Señor.

domingo, 1 de febrero de 2026

SAN CECILIO, Obispo y Mártir

1 de febrero
SAN CECILIO, 

Obispo y Mártir


   De la raíz latina caecus , en su forma diminutiva caéculus, proceden los nombres romanos Cecilio y Cecilia, que pasaron luego al cristianismo. Mientras fue un nombre exclusivamente romano, se usó más en masculino que en femenino; pero al pasar a nombre cristiano, fue tal el prestigio de la mártir Santa Cecilia, que se convirtió éste en nombre muy valorado, quedando en un segundo plano el masculino.
   San Cecilio fue el primer obispo de Granada cuando, bajo la dominación romana, se llamaba todavía Illíberis. Fue uno de los que la tradición llama "varones apostólicos" enviados a España por San Pedro y San Pablo a predicar el evangelio. Los otros seis son: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio y Hesiquio. La vida de todos ellos está oculta tras los velos de la leyenda transmitida oralmente. Se sabe a ciencia cierta que San Cecilio fue obispo de Illíberis, que escribió algunos tratados para instrucción de los fieles y que sufrió martirio bajo la dominación de Nerón, supuestamente quemado en el monte Illipulitano. Pero la larga dominación árabe destruyó todos los rastros de cristianismo. Granada estuvo bajo los sarracenos casi ochocientos años; no los suficientes para perderse la memoria y la tradición, pero sí para no quedar ni rastro de documentos ni reliquias. San Cecilio es patrón de Granada. 

sábado, 31 de enero de 2026

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO




PRIMERA LECTURA
Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde
Lectura del Profeta Sofonías 2, 3; 3, 12-13
Buscad al Señor los humildes, que cumplís sus mandamientos; buscad la justicia, buscad la moderación,
quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor.
Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor.
El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10
V/. Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
R/. Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
V/. El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
R/. Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
V/. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos.
R/. Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
V/. El Señor sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.
R/. Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.

SEGUNDA LECTURA
Dios ha escogido lo débil del mundo
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 1, 26-31
Hermanos:
Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios.
Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.
Y así—como dice la Escritura—el que se gloríe que se gloríe en el Señor.
Palabra de Dios.

EVANGELIO
Dichosos los pobres de espíritu
 +Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y el se puso a hablar enseñándoles:
Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
Palabra del Señor.

SAN JUAN BOSCO, Confesor



31 de enero
SAN JUAN BOSCO,
*
Confesor
Quien quisiere salvar su vida (obrando contra
mí), la perderá; mas quien perdiere su vida
por amor de mí, la encontrará.
(Mt. 16, 25).

   Nacido en 1815, San Juan Bosco, hijo de humildes campesinos, perdió a su padre a la edad de dos años y fue educado por su piadosa madre Margarita. Desde que fue elevado al diaconado, comenzó a reunir, los domingos, a los obreros y niños abandonados de Turín. Construyó para ellos un asilo y una iglesia, dedicada a San Francisco de Sales. En 1854, sentó las bases de una nueva congregación, la de los salesianos, que hoy se llaman sacerdotes de Don Bosco; en 1872, fundó las Hijas de María Auxiliadora. Murió el 31 de enero de 1888, venerado por todo el mundo por su santidad y sus milagros.

SÁBADO DE LA TERCERA SEMANA


PRIMERA LECTURA
He pecado contra el Señor

Lectura del segundo libro de Samuel 12, 1-7a. 10-17

En aquellos días, el Señor envió a Natán donde David.
Entró Natán ante el rey y le dijo: Había dos hombres en un pueblo: uno rico y otro pobre.
El rico tenía muchos rebaños de ovejas y bueyes; el pobre sólo tenía una corderilla que había comprado; la iba criando, y ella crecía con él y sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su vaso, durmiendo en su regazo: era como una hija.
Llegó una visita a casa del rico; y, no queriendo perder una oveja o un buey para invitar a su huésped, cogió la cordera del pobre y convidó a su huésped.
David se puso furioso contra aquel hombre y dijo a Natán: ¡Vive Dios, que el que ha hecho eso es reo de muerte! No quiso respetar lo del otro, pues pagará cuatro veces el valor de la cordera.
Entonces Natán dijo a David: ¡Eres tú! Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías, el hitita.
Así dice el Señor: Yo haré que de tu propia casa nazca tu desgracia; te arrebataré tus mujeres, y ante tus ojos se las daré a otro, que se acostará con ellas a la luz del sol que nos alumbra.
Tú lo hiciste a escondidas, yo lo haré ante todo Israel, en pleno día.
David respondió a Natán: He pecado contra el Señor.
Y Natán le dijo: Pues el Señor perdona tu pecado.
No morirás.
Pero, por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá.
Natán marchó a su casa.
El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y cayó gravemente enfermo.
David pidió a Dios por el niño, prolongó su ayuno y de noche se acostaba en el suelo.
Los ancianos de su casa intentaron levantarlo, pero él se negó, y no quiso comer nada con ellos.



Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 59, 12-13, 14-15. 16-17
V/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
V/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R/.
V/. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. R/.
V/. ¡Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío ! y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. R/.
 

 EVANGELIO
¿Quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

+Lectura del santo Evangelio según San Marcos 4, 35-40

Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: Vamos a la otra oril1a.
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban.
Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua.
El estaba a popa, dormido sobre un almohadón.
Lo despertaron, diciéndole: Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: ¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma.
El les dijo: ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe? Se quedaron espantados y se decían unos a otros: ¿Pero, quién es éste ? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Palabra del Señor.

viernes, 30 de enero de 2026

SANTA ALDEGUNDA, Virgen

30 de enero
SANTA ALDEGUNDA,
Virgen

Quien no carga con su cruz y me sigue
no es digno de mí.
(Mat. 10, 38).

   Santa Aldegunda nació en Hainaut, de familia ilustre y vinculada con la casa de Francia; empero, sus virtudes la han hecho más célebre que su nacimiento. Rechazó la mano de un príncipe de Inglaterra para seguir a Jesús en la soledad. Allí Jesús, para festejar las bodas de su casta esposa, cambió en vino el agua que ella había tocado, y ordenó a su ángel custodio que la consolara en sus aflicciones. ¿Dónde encontrar sobre la tierra un esposo de tanto poder y de tanta generosidad como el divino Salvador? Adhiérete, pues, a Él, con vínculos indisolubles, Santa Aldegunda murió a fines del siglo VII.

  MEDITACIÓN SOBRE LOS TRES GRADOS
DE LA MORTIFICACIÓN
 
  
   I. Esta santa deja la corte para ir al desierto; las delicias, para vivir en la austeridad; la fortuna de un gran príncipe, para seguir a Jesucristo en la pobreza. Desde hace mucho tiempo Jesús te llama, ¿cuándo lo escucharás? ¡Esta santa supera todos los obstáculos, y a ti la más pequeña dificultad te desalienta! Por más fuertes que sean las cadenas que te atan, fácilmente las romperás si amas a Jesús, y si temes al infierno.

 II. Esta flamante esposa de Jesucristo, después de haber dado prendas de su amor, le pide un obsequio. Escuchad, cristianos descaecidos, la oración de esta santa, y avergonzaos de vuestra cobardía: ella le pide a Dios que le envíe un cáncer que le carcoma el seno, y su oración de inmediato es escuchada. ¿Alguna vez has pedido a Dios algo parecido? Haces promesas a todos los santos para que te libren hasta de la más mínima dolencia que te aqueja. ¡He aquí, sin embargo, las dulzuras de que hace partícipes Jesús a sus amigos; he aquí los favores que éstos le piden

   III. No contenta con dejar los placeres y solicitar los sufrimientos como un favor, pide a Dios la prive de la satisfacción que el hombre experimenta cuando bebe y cuando come. San Pedro le da un poco de maná celestial y todo alimento de la tierra se le vuelve amargo. ¡Qué vergüenza para ti, voluptuoso! ¡Rechaza ella todos los placeres de los sentidos, y tú los buscas afanosamente! Señor, poned amargura en todos mis placeres, a fin de que sólo Vos resultéis dulce a mi corazón.


La mortificación 
Orad por vuestros
superiores temporales.


ORACIÓN
      Escuchadnos, oh Dios, que sois nuestra salvación, a fin de que la fiesta de la bienaventurada Aldegunda, vuestra virgen, al mismo tiempo que regocije nuestra alma la enriquezca con sentimientos de tierna devoción.  Por N. S. J. C. Amén