Santo Domingo Savio
Estudiante (1857)
Historia:
Domingo significa: El que está consagrado al Señor.
Entre los
miles de alumnos que tuvo el gran educador San Juan Bosco, el más famoso fue
Santo Domingo Savio, joven estudiante que murió cuando apenas le faltaban
tres semanas para cumplir sus 15 años.
Nació Domingo Savio en Riva de
Chieri (Italia) el 2 de abril de 1842.
Era el mayor entre cinco hijos de Ángel Savio, un mecánico muy pobre, y de
Brígida, una sencilla mujer que ayudaba a la economía familiar haciendo
costuras para sus vecinas.
Desde muy pequeñín le agradaba mucho ayudar a la Santa Misa como acólito, y
cuando llegaba al templo muy de mañana y se encontraba cerrada la puerta, se
quedaba allí de rodillas adorando a Jesús Eucaristía, mientras llegaba el
sacristán a abrir.
El día anterior a su primera confesión fue donde la mamá y le pidió perdón por
todos los disgustos que le había proporcionado con sus defectos infantiles.
El día de su primera comunión redactó el famoso propósito que dice:
"Prefiero morir antes que pecar".
A los 12 años se encontró por primera vez con San Juan Bosco y [...] |
viernes, 9 de marzo de 2012
Santo Domingo Savio, Estudiante
SANTA FRANCISCA ROMANA, Viuda
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9 de marzo
SANTA FRANCISCA ROMANA,
Viuda

Jesucristo se humilló a sí mismo
haciéndose
obediente hasta la muerte, ¡Y muerte de cruz!(Filipenses, 2, 8).
obediente hasta la muerte, ¡Y muerte de cruz!(Filipenses, 2, 8).
Santa Francisca Romana veía siempre a su lado al ángel custodio. Éste se avergonzaba y se apartaba cuando ella cometía una falta, o cuando escuchaba conversaciones profanas. Jesús y María conversaban familiarmente con ella. ¿Admiras estas mercedes? Sin embargo, hay algo más admirable en la vida de Santa Francisca: su humildad y su obediencia. Por obedecer a su marido, en el acto abandonaba sus ejercicios de devoción. Es -decía- dejar a Dios por Dios". Murió en 1440.
MEDITACIÓN
SOBRE LA OBEDIENCIA
I. Cuarenta años vivió Santa Francisca con su
marido sin que hubiera entre ellos la menor disensión, porque no tenía ella otra
voluntad que la de él. ¿Quieres conservar la paz en tu familia y en tu
conciencia? Obedece a los superiores que Dios te ha dado. Ve en ellos la persona
de Jesucristo; deja tus placeres, tus pasatiempos, para hacer su voluntad en
todo lo que no sea contrario a la ley de Dios. Tu obediencia será siempre
recompensada.
II. Estás con frecuencia melancólico, nunca
está tu espíritu tranquilo; ¿sabes la causa? Es porque no obedeces, o porque lo
haces de mala gana; no sometes tu voluntad a la de aquellos que tienen derecho a
mandarte. Para adquirir esta virtud, debes renunciar a tu voluntad propia; cosa
difícil es, pero puedes lograrlo. ¡Qué feliz será tu vida, si no tienes otra
voluntad que la de tus superiores!
III. Es preciso, además, que sometas tu juicio
al del que te manda: no es cosa de los inferiores el discutir las órdenes de los
superiores, a menos que tengas razones para creer que son contrarias a la ley de
Dios. Jesús obedecía a María y a José, ¿y tú no puedes someter tu juicio al
juicio de tus superiores? Nunca estarás contento, tu obediencia carecerá de
vigor y de mérito, si no te habitúas a obedecer sin discutir lo que se te
ordena. Aquél que aprendió a obedecer bien, no discute las órdenes que
recibe. (San Gregorio)
La obediencia
Orad por la paz.
Oh Dios, que entre otros dones de tu gracia,
habéis concedido a la bienaventurada Francisca, Vuestra sierva, la merced de
conversar familiarmente con su ángel custodio, haced, benignamente, que, por el
auxilio de su intercesión, merezcamos entrar un día en la sociedad de estos
espíritus bienaventurados. Por J. C. N. S. Amén.
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Santa Francisca Romana. Esposa, madre, viuda y apóstol seglar
9 de Marzo
Santa Francisca Romana (año 1440)
Esposa, madre, viuda y apóstol seglar. Francisca, aunque amaba inmensamente a su esposo, sentía la nostalgia de no poder dedicar su vida a la oración y a la contemplación, en la vida religiosa. Un día su cuñada, llamada Vannossa, la vio llorando y le preguntó la razón de su tristeza. Francisca le contó que ella sentía una inmensa inclinación hacia la vida religiosa pero que sus padres la habían obligado a formar un hogar. Entonces la cuñada le dijo que a ella le sucedía lo mismo, y le propuso que se dedicaran a las dos vocaciones: ser unas excelentes madres de familia, y a la vez, dedicar todos los ratos libres a ayudar a los pobre y enfermos, como si fueran dos religiosas. Y así lo hicieron. Con el consentimiento de sus esposos, Francisca y Vannossa se dedicaron a visitar hospitales y a instruir gente ignorante y a socorrer pobres. La suegra quería oponerse a todo esto, pero los dos maridos al ver que ellas en el hogar eran tan cuidadosas y tan cariñosas, les permitieron seguir en esta caritativa acción. Pronto Francisca empezó a ganarse la simpatía de las gentes de Roma por su gran caridad para con los enfermos y los pobres. Ella tuvo siempre la cualidad especialísima de hacerse querer por la gente. Fue un don que le concedió el Espíritu Santo. En más de 30 años que Francisca vivió con su esposo, observó una conducta verdaderamente edificante. Tuvo tres hijos a los cuales se esmeró por educar muy religiosamente. Dos de ellos murieron muy jóvenes, y al tercero lo guió siempre, aun después de que él se casó, por el camino de todas las virtudes. A Francisca le agradaba mucho dedicarse a la oración, pero le sucedió muchas veces que estando orando la llamó su marido para que la ayudara en algún oficio, y ella suspendía inmediatamente su oración y se iba a colaborar en lo que era necesario. Veces hubo que tuvo que suspender cinco veces seguidas una oración, y lo hizo prontamente. Ella repetía: "Muy buena es la oración, pero la mujer casada tiene que concederles enorme importancia a sus deberes caseros". Dios permitió que a esta santa mujer le llegaran las más desesperantes tentaciones. Y a todas resistió dedicándose a la oración y a la mortificación y a las buenas lecturas, y a estar siempre muy ocupada. Su familia, que había sido sumamente rica, se vio despojada su sus bienes en una terrible guerra civil. Como su esposo era partidario y defensor del Sumo Pontífice, y en la guerra ganaron los enemigos del Papa, su familia fue despojada de sus fincas y palacios. Francisca tuvo que irse a vivir a una casona vieja, y dedicarse a pedir limosna de puerta en puerta para ayudar a los enfermos de su hospital. Y además de todo esto le llegaron muy dolorosas enfermedades que le hicieron padecer por años y años. Ella sabía muy bien que estaba cosechando premios para el cielo. Su hijo se casó con una muchacha muy bonita pero terriblemente malgeniada y criticona. Esta mujer se dedicó a atormentarle la vida a Francisca y a burlarse de todo lo que la santa hacía y decía. Ella soportaba todo en silencio y con gran paciencia. Pero de pronto la nuera cayó gravemente enferma y entonces Francisca se dedicó a asistirla con una caridad impresionantemente exquisita. La joven se curó de la enfermedad del cuerpo y quedó curada también de la antipatía que sentía hacia su suegra. En adelante fue su gran amiga y admiradora. Francisca obtenía admirables milagros de Dios con sus oraciones. Curaba enfermos, alejaba malos espíritus, pero sobre todo conseguía poner paz entre gentes que estaban peleadas y lograba que muchos que antes se odiaban, empezaran a amarse como buenos amigos. Por toda Roma se hablaba de los admirables efectos que esta santa mujer conseguía con sus palabras y oraciones. Muchísimas veces veía a su ángel de la guarda y dialogaba con él. Francisca fundó una comunidad de religiosas seglares dedicadas a atender a los más necesitados. Les puso por nombre "Oblatas de María", y su casa principal, que existe todavía en Roma, fue un edificio que se llamaba "Torre de los Espejos". Sus religiosas vestían como señoras respetables. No tenían hábito especial. Nombró como superiora a una mujer de toda su confianza, pero cuando Francisca quedó viuda entró también ella de religiosa, y por unanimidad las religiosas la eligieron superiora general. En la comunidad tomó por nombre "Francisca Romana". Había recibido de Dios la eficacia de la palabra y por eso acudían a ella numerosas personas para pedirle que les ayudara a solucionar los problemas de sus familias. El Espíritu Santo le concedió el don de consejo, por el cual sus palabras guiaban fácilmente a las personas a conseguir la solución de sus dificultades. Cuando llegaban las epidemias, ella misma llevaba a los enfermos al hospital, lo atendía, les lavaba la ropa y la remendaba, y como en tiempo de contagio era muy difícil conseguir confesores, ella pagaba un sueldo especial a varios sacerdotes para que se dedicaran a atender espiritualmente a los enfermos. Francisca ayunaba a pan y agua muchos días. Dedicaba horas y horas a la oración y a la meditación, y Dios empezó a concederle éxtasis y visiones. Consultaba todas las dudas de su alma con un director espiritual, y llegó a tal grado de amabilidad en su trato, que bastaba tratar con ella una sola vez para quedar ya amigos para siempre. A las personas que sabía que hablaban mal de ella, les prodigaba mayor amabilidad. Estaba gravemente enferma, y el 9 de marzo de 1440 su rostro empezó a brillar con una luz admirable. Entonces pronunció sus últimas palabras: "El ángel del Señor me manda que lo siga hacia las alturas". Luego quedó muerta, pero parecía alegremente dormida. Tan pronto se supo la noticia de su muerte, corrió hacia el convento una inmensa multitud. Muchísimos pobres iban a demostrar su agradecimiento por los innumerables favores que les había hecho. Muchos llevaban enfermos para que les permitieran acercarlos al cadáver de la santa, y así pedir la curación por su intercesión. Los historiadores dicen que "toda la ciudad de Roma se movilizó", para asistir a los funerales de Francisca.
Fue sepultada en la iglesia parroquial, y al conocerse la
noticia de que junto a su cadáver se estaban obrando milagros, aumentó mucho más
la concurrencia a sus funerales. Luego su tumba se volvió tan famosa que aquel
templo empezó a llamarse y se le llama aún ahora: La Iglesia de Santa Francisca
Romana.
Cada 9 de marzo llegan numerosos peregrinos a pedirle a
Santa Francisca unas gracias que nosotros también nos conviene pedir siempre:
que nos dediquemos con todas nuestras fuerzas a cumplir cada día los deberes que
tenemos en nuestro hogar, y que nos consagremos con toda la generosidad posible
a ayudar a los pobres y necesitados y a ser extraordinariamente amables con
todos. Santa Francisca: ruégale al buen Dios que así sea.
He aquí la descripción de una mujer admirable. "Que las
gentes comenten sus muchas buenas obras" (S. Biblia. Proverbios
31).
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VIERNES DE LA SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA
PRIMERA LECTURA
Ahí viene el de los sueños,
vamos a matarlo
Lectura del libro del Génesis 37, 3-4. 12-13a. 17b-28
José
era el preferido de Israel, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una
túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás,
empezaron a odiarlo y le negaban el saludo.
Sus
hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José:
–
«Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar
donde están ellos.»
José
fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos. Antes
de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros:
«Ahí
viene el de los sueños. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos
que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños.»
Oyó
esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo:
–
«No le quitemos la vida.» Y añadió:
–
«No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no
pongáis las manos en él.»
Lo
decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al
lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con
mangas, lo cogieron y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a
comer.
Levantando
la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma,
bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos:
–
«¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a
venderlo a los ismaelitas y no pondremos nuestras manos en él, que al fin es
hermano nuestro y carne nuestra.»
Los
hermanos aceptaron.
Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su
hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte
monedas. Estos se llevaron a José a Egipto.
Palabra de
Dios.
Salmo responsorial Sal 104, 16-17. 18-19. 20-21 (R.: 5 a)
R.
Recordad las maravillas que hizo el Señor.
Llamó al
hambre sobre aquella tierra:
cortando el
sustento de pan;
por delante
había enviado a un hombre,
a José,
vendido como esclavo. R.
Le trabaron
los pies con grillos,
le metieron
el cuello en la argolla,
hasta que se
cumplió su predicción,
y la palabra
del Señor lo acreditó. R.
El rey lo
mandó desatar,
el señor de
pueblos le abrió la prisión,
lo nombró
administrador de su casa,
señor de
todas sus posesiones. R.
Versículo
antes del evangelio Jn 3, 16
Tanto amó
Dios al mundo que entregó a su Hijo único;
todos los
que creen en él tienen vida eterna.
EVANGELIO
Éste es el heredero: venid,
lo mataremos
+ Lectura
del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43. 45-46
En
aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
–
«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con
una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a
unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado
el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los
frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados,
apalearon a unos, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió
de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.
Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi
hijo."
Pero
los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid,
lo matamos y nos quedamos con su herencia. "
Y,
agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y
ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le
contestaron:
–
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros
labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y
Jesús les dice:
–
«¿No habéis leído nunca en la Escritura:
"La
piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es
el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"?
Por
eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo
que produzca sus frutos.»
Los
sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que
hablaba de ellos.
Y,
aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.
Palabra del
Señor.
jueves, 8 de marzo de 2012
San Juan de Dios Fundador de la Comunidad de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios
8 de Marzo
San Juan de
Dios
Fundador de la Comunidad de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios Año 1550
Nació y
murió un 8 de marzo. Nace en Portugal en 1495 y muere en Granada, España, en
1550 a los 55 años de edad.
De familia pobre pero muy piadosa. Su madre
murió cuando él era todavía joven. Su padre murió como religioso en un
convento.
En su juventud fue pastor, muy apreciado por
el dueño de la finca donde trabajaba. Le propusieron que se casara con la hija
del patrón y así quedaría como heredero de aquellas posesiones, pero él dispuso
permanecer libre de compromisos económicos y caseros pues deseaba dedicarse a
labores más espirituales.
Estuvo de soldado bajo las órdenes del genio
de la guerra, Carlos V en batallas muy famosas. La vida militar lo hizo fuerte,
resistente y sufrido.
La Sma. Virgen lo salvó de ser ahorcado, pues
una vez lo pusieron en la guerra a cuidar un gran depósito y por no haber estado
lo suficientemente alerta, los enemigos se llevaron todo. Su coronel dispuso
mandarlo ahorcar, pero Juan se encomendó con toda fe a la Madre de Dios y logró
que le perdonaran la vida. Y dejó la milicia, porque para eso no era muy
adaptado.
Salido del ejército, quiso hacer un poco de
apostolado y se dedicó a hacer de vendedor ambulante de estampas y libros
religiosos.
Cuando iba llegando a la ciudad de Granada vio
a un niñito muy pobre y muy necesitado y se ofreció bondadosamente a ayudarlo.
Aquel "pobrecito" era la representación de Jesús Niño, el cual le dijo: "Granada
será tu cruz", y desapareció.
Estando Juan en Granada de vendedor ambulante
de libros religiosos, de pronto llegó a predicar una misión el famosos Padre San Juan de Avila. Juan asistió a uno de sus elocuentes sermones, y en pleno sermón,
cuando el predicador hablaba contra la vida de pecado, nuestro hombre se
arrodillo y empezó a gritar: "Misericordia Señor, que soy un pecador", y salió
gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios. Tenía unos 40 años.
Se confesó con San Juan de Avila y se propuso
una penitencia muy especial: hacerse el loco para que la gente lo humillara y lo
hiciera sufrir muchísimo.
Repartió entre los pobres todo lo que tenía en
su pequeña librería, empezó a deambular por las calles de la ciudad pidiendo
misericordia a Dios por todos su pecados.
La gente lo creyó loco y empezaron a atacarlo
a pedradas y golpes.
Al fin lo llevaron al manicomio y los
encargados le dieron fuertes palizas, pues ese era el medio que tenían en aquel
tiempo para calmar a los locos: azotarlos fuertemente. Pero ellos notaban que
Juan no se disgustaba por los azotes que le daban, sino que lo ofrecía todo a
Dios. Pero al mismo tiempo corregía a los guardias y les llamaba la atención por
el modo tan brutal que tenían de tratar a los pobres enfermos.
Aquella estadía de Juan en ese manicomio, que era un verdadero
infierno, fue verdaderamente providencial, porque se dio cuenta del gran error
que es pretender curar las enfermedades mentales con métodos de tortura. Y
cuando quede libre fundará un hospital, y allí, aunque él sabe poco de medicina,
demostrará que él es mucho mejor que los médicos, sobre todo en lo relativo a
las enfermedades mentales, y enseñará con su ejemplo que a ciertos enfermos hay
que curarles primero el alma si se quiere obtener después la curación de su
cuerpo. Sus religiosos atienden enfermos mentales en todos los continentes y con
grandes y maravillosos resultados, empleando siempre los métodos de la bondad y
de la comprensión, en vez del rigor de la tortura.
Cuando San Juan de Avila volvió a la ciudad y
supo que a su convertido lo tenían en un manicomio, fue y logró sacarlo y le
aconsejó que ya no hiciera más la penitencia de hacerse el loco para ser
martirizado por las gentes. Ahora se dedicará a una verdadera "locura de amor":
gastar toda su vida y sus energías a ayudar a los enfermos más miserables por
amor a Cristo Jesús, a quien ellos representan.
Juan alquila una casa vieja y allí empieza a
recibir a cualquier enfermo, mendigo, loco, anciano, huérfano y desamparado que
le pida su ayuda. Durante todo el día atiende a cada uno con el más exquisito
cariño, haciendo de enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, padre, amigo y
hermano de todos. Por la noche se va por la calle pidiendo limosnas para sus
pobres.
Pronto se hizo popular en toda Granada el
grito de Juan en las noches por las calles. El iba con unos morrales y unas
ollas gritando: ¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien! Las gentes salían a
la puerta de sus casas y le regalaban cuanto les había sobrado de la comida del
día. Al volver cerca de medianoche se dedicaba a hacer aseo en el hospital, y a
la madrugada se echaba a dormir un rato debajo de una escalera. Un verdadero
héroe de la caridad.
El señor obispo, admirado por la gran obra de
caridad que Juan estaba haciendo, le añadió dos palabras a su nombre de pila ,y
empezó a llamarlo "Juan de Dios", y así lo llamó toda la gente en adelante.
Luego, como este hombre cambiaba frecuentemente su vestido bueno por los harapos
de los pobres que encontraba en las calles, el prelado le dio una túnica negra
como uniforme; así se vistió hasta su muerte, y así han vestido sus religiosos
por varios siglos.
Un día su hospital se incendió y Juan de Dios
entró varias veces por entre las llamas a sacar a los enfermos y aunque pasaba
por en medio de enormes llamaradas no sufría quemaduras, y logró salvarle la
vida a todos aquellos pobres.
Otro día el río bajaba enormemente crecido y
arrastraba muchos troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el
invierno, porque en Granada hace mucho frío y a los ancianos les gustaba
calentarse alrededor de la hoguera. Entonces se fue al río a sacar troncos, pero
uno de sus compañeros, muy joven, se adentró imprudentemente entre las violentas
aguas y se lo llevó la corriente. El santo se lanzó al agua a tratar de salvarle
la vida, y como el río bajaba supremamente frío, esto le hizo daño para su
enfermedad de artritis y empezó a sufrir espantosos dolores.
Después de tantísimos trabajos, ayunos y
trasnochadas por hacer el bien , y resfriados por ayudar a sus enfermos, la
salud de Juan de Dios se debilitó totalmente. El hacía todo lo posible porque
nadie se diera cuenta de los espantosos dolores que lo atormentaban día y noche,
pero al fin ya no fue capaz de simular más. Sobre todo la artritis le tenía sus
piernas retorcidas y le causaba dolores indecibles. Entonces una venerable
señora de la ciudad obtuvo del señor obispo autorización para llevarlo a su casa
y cuidarlo un poco. El santo se fue ante el Santísimo Sacramento del altar y por
largo tiempo rezó con todo el fervor antes de despedirse de su amado hospital.
Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín, un hombre a quien él había
convertido y había logrado que se hiciera religioso, y colaborador suyo, junto
con otro hombre a quien Antonio odiaba; y después de amigarlos, logró el santo
que le ayudaran en su obra en favor de los pobres, como dos buenos
amigos.
Al llegar al la casa de la rica señora,
exclamó Juan: "OH, estas comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan
miserable pecador". Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya
era demasiado tarde.
El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le
llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: "Jesús, Jesús, en tus
manos me encomiendo", y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado
incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos
problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las
muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande
santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado
como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el
pueblo, como un santo.
Después de muerto obtuvo de Dios muchos
milagros en favor de sus devotos y el Papa lo declaró santo en 1690. Es Patrono
de los que trabajan en hospitales y de los que propagan libros
religiosos.
San Juan de Dios: alcánzanos de Dios un
gran amor hacia los enfermos y los pobres.
NOTA: Los religiosos Hospitalarios de San Juan
de Dios son 1,500 y tienen 216 casas en el mundo para el servicio de los
enfermos. Los primeros beatos de Colombia pertenecieron a esta santa
Comunidad.
Todo lo que hicisteis con cada uno de estos
mis hermanos enfermos, conmigo lo hicisteis (Jesucristo Mt.
25,40).
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SAN JUAN DE DIOS, Confesor
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8 de marzo
SAN JUAN DE DIOS,
Confesor

Bienaventurados los mansos,
porque ellos poseerán la tierra.(Mateo, 5,14).
porque ellos poseerán la tierra.(Mateo, 5,14).
Este santo tenía más avidez de humillación y de menosprecio que la que tienen los hombres mundanos de honores y distinciones. Un día, una mujer lo colmó de injurias y lo trató de hipócrita, y él, secretamente, dióle dinero, comprometiéndola a repetir lo dicho en la plaza pública. El arzobispo de Granada le reprochó, porque recibía en el hospital, que administraba, a vagabundos y a personas poco recomendables, arrojóse el santo a los pies del prelado diciéndole: "No conozco en el hospital a otro pecador fuera de mí mismo, que soy indigno de comer el pan de los pobres". Otro día corrió en todas direcciones sacando enfermos del hospital, que estaba en llamas, y salió al cabo de una media hora sin la menor quemadura. De rodillas exhaló su último suspiro, abrazando a Jesús crucificado, cuya abnegación, mansedumbre y humildad tan bien había imitado.
MEDITACIÓN
SOBRE LA MANSEDUMBRE
I. Practica la mansedumbre, ahoga con esmero
1os movimientos incipientes de la cólera; ¿qué ganas con satisfacer esta
violenta pasión, que turba tu entendimiento, y que atormenta a tus servidores y
amigos? Acuérdate de la mansedumbre de Jesucristo. ¡Qué alegría
experimentarás por haber reprimido este arranque! ¡Qué recompensa recibirás si
te vences a ti mismo! Los que triunfan de sí mismos hacen violencia al cielo.
(San Cipriano).
II. Practica la suavidad, soportando el mal
humor y las imperfecciones del prójimo. Quieres que te soporten tus defectos, es
muy razonable que uses de igual indulgencia para con los demás. Ese carácter
molesto que reprochas en tu hermano es un defecto de la naturaleza; acaso ella
te trató a ti peor todavía, y te hizo más desagradable para el prójimo. Examina
tus defectos, y soportarás fácilmente los de los demás.
III. Practica la mansedumbre soportando que se
te menosprecie. ¿Quién eres tú, en definitiva, para que tanto te cueste soportar
desprecios? Tu nada y tus pecados muy merecido tienen este trato. Si te los
conociesen dirían mucho más. ¿y qué mal pueden hacerte ante Dios las palabras
que te digan? Más aun, ¿qué corona no merecerías si las sufrieses con paciencia?
Si fueses verdaderamente humilde, nada te costaría sufrir el desprecio y los
malos tratos. La humildad suaviza todas las tribulaciones. (San Eusebio).
La mansedumbre
Orad por los enfermos.
ORACIÓN
Oh Dios, que después de haber abrasado con
vuestro amor al bienaventurado Juan, lo hicisteis andar sano y salvo en medio de
las llamas y por su intermedio enriquecisteis a vuestra Iglesia con una nueva
familia, haced, en consideración a sus méritos, que el fuego de su caridad nos
purifique de nuestras manchas y nos eleve hasta la eternidad bienaventurada. Por
J. C. N. S. Amén.
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JUEVES DE LA SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA
PRIMERA LECTURA
Maldito quien confía en el
hombre; bendito quien confía en el Señor
Lectura del libro de Jeremías 17,5-10
Así dice el
Señor:
«Maldito
quien confía en el hombre,
y en la
carne busca su fuerza,
apartando su
corazón del Señor.
Será como un
cardo en la estepa,
no verá
llegar el bien;
habitará la
aridez del desierto,
tierra
salobre e inhóspita.
Bendito
quien confía en el Señor
y pone en el
Señor su confianza.
Será un
árbol plantado junto al agua,
que junto a
la corriente echa raíces;
cuando
llegue el estío no lo sentirá,
su hoja
estará verde;
en año de
sequía no se inquieta,
no deja de
dar fruto.
Nada más
falso y enfermo que el corazón:
¿quién lo
entenderá?
Yo, el
Señor, penetro el corazón,
sondeo las
entrañas,
para dar al
hombre según su conducta,
según el
fruto de sus acciones.»
Palabra de
Dios.
Salmo responsorial Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: Sal 39, 5a)
R.
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Dichoso el
hombre
que no sigue
el consejo de los impíos,
ni entra por
la senda de los pecadores,
ni se sienta
en la reunión de los cínicos;
sino que su
gozo es la ley del Señor,
y medita su
ley día y noche. R.
Será como un
árbol
plantado al
borde de la acequia:
da fruto en
su sazón
y no se
marchitan sus hojas;
y cuanto
emprende tiene buen fin. R.
No así los
impíos, no así;
serán paja
que arrebata el viento.
Porque el
Señor protege el camino de los justos,
pero el
camino de los impíos acaba mal. R.
Versículo
antes del evangelio cf. Lc 8, 15
Dichosos los
que con un corazón noble y generoso,
guardan la
palabra de Dios
y dan fruto
perseverando.
EVANGELIO
Recibiste tus bienes, y
Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo,
mientras que tú padeces
+ Lectura
del santo evangelio según san Lucas 16, 19-31
En
aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
–
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba
espléndidamente cada día.
Y
un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con
ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.
Y
hasta los perros se le acercaban a lamerle la llagas.
Sucedió
que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió
también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los
tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno,
y gritó:
"Padre
Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y
me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas."
Pero
Abrahán le contestó:
"Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y
Lázaro, a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú
padeces.
Y
además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan
cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta
nosotros."
El
rico insistió:
"Te
ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo
cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a
este lugar de tormento.
Abrahán
le dice:
"Tienen a Moisés y a los profetas; que los
escuchen."
El
rico contestó:
"No,
padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán."
Abrahán
le dijo:
Si
no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un
muerto."»
Palabra del
Señor.
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