sábado, 2 de junio de 2012

DÍA 4 EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE PACIENCIA



MEDITACIÓN PARA CADA DÍA
  DÍA 4
EL SAGRADO CORAZÓN, 
 MODELO DE PACIENCIA
I
   ¿Deseas, corazón mío, conocer a fondo la inagotable paciencia del Corazón de Jesús? Mírale como se dignó manifestarse a su devota Santa Margarita, herido por la lanza, coronado de espinas, clavado en el centro de la cruz. He  aquí las insignias del Sagrado Corazón, he aquí su escudo de armas. Diríase que para eso sólo vino al mundo, para padecer.
   ¿Y qué padece? Dolores cruelísimos así en el cuerpo como en el alma. En el cuerpo pobreza, persecución, azotes, bofetadas, espinas, cruz. En el alma perfidias, ingratitud, tristezas, agonías, abandono de los suyos. Tal es la amarga historia de su vida pasible y mortal.
   ¿Y cómo padece? Callando, sin soltar la menor queja, sin mostrar iracundo el rostro, sin manifestarse cansado por tanto sufrir. Aun hoy en este Santísimo Sacramento, si padecer pudiera, no fuera el sagrario para El, trono de gloria, sino Calvario de nuevos e ignorados dolores.
   Mira si no cómo le tratan los hombres. ¡Con qué odios le blasfeman unos! ¡Con qué desprecio le miran otros! ¡Con qué frialdad y negligencia los más! ¡Con qué tibieza los mismos que se dicen amigos suyos! ¡Cuán pocos con verdadero amor!
   ¡Pobre Jesús mío, tan sufrido y tan paciente! Enseñad a mi enfermo corazón el secreto de esta heroica paciencia.
   Medítese unos minutos.
II 
   ¡Cuánto me confunde, oh buen Jesús, esta consideración! Vos, inocente, no os cansáis de padecer por mí; yo criminal, ni un instante me avengo a padecer por Vos. Insoportable se me hace cualquier pequeña aflicción; la menor de vuestras espinas, acaba con mi escasa paciencia.
   Y no obstante, Vos queréis que padezca, y hasta me lo aconseja mi propio interés. Me habéis colocado en este valle de lágrimas, donde desde la cuna hasta la sepultura, me acompaña la tribulación. Quiera o no quiera el hombre, es éste su patrimonio. La salud, la fortuna, las inclemencias del tiempo, la rareza de nuestro carácter, nos son fuentes perennes de desazones y desabrimientos. Es necesario sufrir, he aquí la sentencia que desde el nacer traemos escrita sobre la frente. Sufrir, pues, con paciencia, como Vos, es el único modo de hacer suave y llevadera esta necesidad.
   ¡Ah! Sufriré, Dios mío, sufriré con Vos y por Vos, y como Vos queráis y hasta donde Vos queráis. Contemplaré vuestro Corazón herido y coronado de espinas, para más alentarme a sufrir con paciencia las mías. Alzaré los ojos a ese cielo que ha de ser mi recompensa, para no desfallecer en los presentes combates. Vos lo habéis dicho, y escrito está. ¡Sólo se va a él por el camino de la cruz!
   ¡Feliz quien la abrace con Vos en esta vida, para recoger con Vos sus dulces frutos en la eternidad!
   Medítese y pídase la gracia particular.

Oración y Acto de Consagración

DÍA 3 EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE OBEDIENCIA



MEDITACIÓN PARA CADA DÍA


  DÍA 3
EL SAGRADO CORAZÓN, 
 MODELO DE OBEDIENCIA
I
   El Sagrado Corazón de Jesús es modelo de la más perfecta obediencia. Para dar el mayor y más fino ejemplo de ella, baja el Verbo a este valle de lágrimas, y toda su vida mortal puede compendiarse en esta sola palabra, obedecer. Es rey de los cielos, y obedece. Es dueño de todo lo criado, y obedece. Es árbitro poderoso de cuanto existe, y no obstante obedece.
   ¿Y, a quién obedece? Además de la obediencia de continuo prestada al Padre celestial, los demás a quienes obedeció fueron siempre criaturas suyas, y por tanto infinitamente inferiores a El. Mandábale María, mandábale José, mandábale el juez impío, mandábanle los crueles verdugos. Y a todos obedecía. Hoy mismo, en este augusto Sacramento obedece a la voz de sus ministros, a quienes ha dado en cierto modo la facultad de mandarle colocarse en nuestros altares.
   ¡Oh confusión de mi insoportable y orgullosa independencia! El gusano vil no gusta sino mandar y hacer su propia voluntad, cuando Dios mismo le da el ejemplo de tan rendida obediencia! Avergüénzate aquí, corazón mío, y aprende del Sagrado Corazón tal excelente virtud.
   Medítese unos minutos.
II
¡Oh Señor! Si toda vuestra vida fue obedecer, la mía, infeliz y desdichada, fue siempre continua desobediencia. Soy un miserable esclavo que nunca ha sabido más que rebelarse contra vuestra suavísima voluntad. Mi rey ha sido mi gusto, mi regla los vanos antojos de mi veleidoso corazón. Obedecíais Vos, y yo insolente y loco pretendía alzarme con el mando. Os hacíais Vos esclavo, y yo quise darme en todo, aires de señor.
   En mi corazón he levantado tronos y altares; pero no han sido para Vos, sino para dar culto en ellos a mis ambiciosas pretensiones, a mi insensata arrogancia. ¿Qué freno hubo que me contuviese? ¿Qué valla me pusisteis que yo no saltase? ¿Qué precepto me dictásteis que yo no rompiese?
   ¡Oh siervo rebelde, digno del más infame castigo! ¡Oh mal vasallo, merecedor de la cárcel perpetua! ¡Oh hijo contumaz, indigno de la herencia de tan buen padre! Pero, perdonadme, Jesús mío; perdonad al extraviado, que sumiso ya y lloroso vuelve a Dios. Mandad, Señor, que a mí me toca obedecer. Prometo desde hoy a vuestra ley, a vuestras inspiraciones, a vuestros ministros, a mis superiores, formal, perpetua y  decidida obediencia.
   Medítese, y pídase la gracia particular.

Oración y Acto de Consagración

viernes, 1 de junio de 2012

DÍA 2 EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE HUMILDAD



MEDITACIÓN PARA CADA DÍA
  DÍA 2
EL SAGRADO CORAZÓN, 
 MODELO DE HUMILDAD
I
   Mira, alma mía, la profundísima humildad del Corazón de Jesús. Siendo Jesucristo Dios, y como tal potentísimo y excelso, no le bastó hacerse Niño en las entrañas de una mujer, y nacer luego en una cueva de animales, y trabajar más tarde en un taller, y morir, finalmente, como reo miserable en una cruz. Aun después de su existencia mortal vive glorioso en el cielo, es verdad, pero en la tierra vive humillado y abatido.
   Contémplale en este Sacramento. Ha escogido para vivir entre nosotros las apariencias más modestas. Déjase encerrar como prisionero en el fondo de nuestros pobres tabernáculos, en nuestras iglesias mil veces desiertas y abandonadas. ¡Ah mi buen Jesús!  Cómo sois Vos el mismo hoy que cuando nacíais en Belén, trabajabais en Nazaret, recorríais a pie los campos y aldeas de Judea, y moríais entre injurias y desprecios en el Calvario! No habéis mudado la condición llana y sencilla; no habéis dejado vuestras humildes maneras, a fin de que se acercasen a Vos sin temor los pobres y pequeñuelos, y aprendiesen en Vos sencillez y humildad los vanos y orgullosos.
   ¡Oh! ¡humildísimo Jesús! ¡Enseñadme a mí, altivo y presuntuoso que soy, esta santa virtud de la humildad!
   Medítese unos minutos.
II
   Me avergüenzo y me espanto ¡oh Jesús mío! cuando doy una mirada a mi pobre corazón. Es todo al revés del vuestro, tan sencillo y tan humilde. Está lleno de vanidad, presunción, necio orgullo, insaciable amor propio. Busca siempre el aplauso y la alabanza, sobresalir y brillar, obscurecer a los demás, hacerse superior a todos.
   ¡Ah!  No son éstas las lecciones de vuestro humildísimo Corazón. Vos me queréis humilde para con Dios, para con mis prójimos y para conmigo mismo. Para con Dios, reconociéndome siervo y discípulo suyo, acatando sin murmurar todas sus disposiciones, sujetándome sin réplica a su dulce Providencia, agradeciendo como cosa suya todo lo que de bueno haya en mí.
   Para con mis prójimos, portándome como si fuese el menor de todos ellos, sufriéndolos con caridad, tratándolos con dulzura, perdonando sus injurias, huyendo sus aplausos y alabanzas.
   Para conmigo mismo, teniéndome por lo que soy, criatura miserable, indigna del polvo que piso, del cielo que contemplo y del aire que respiro, reconociéndome infeliz pecador que sólo por la divina compasión no ardo ya en los infiernos.
   ¡Corazón de Jesús humilde! Dadme ese espíritu de perfecta humildad, para que consiga sentarme un día en el trono que reserváis a vuestro lado a los humildes como Vos.
   Medítese, y pídase la gracia particular.

Oración y Acto de Consagración

DÍA 1 EL SAGRADO CORAZÓN, MODELO DE AMOR



MEDITACIÓN PARA CADA DÍA
DÍA 1 
EL SAGRADO CORAZÓN, 
 MODELO DE AMOR


   ¿Qué motivos han inducido al buen Jesús a darnos su Sagrado Corazón? Sólo por motivos de amor. Porque nos amó se hizo hombre, porque nos amó sufrió Pasión y muerte, porque nos amó quiso quedarse en la Eucaristía, porque nos amó se dignó manifestarnos en estos últimos tiempos las riquezas de su adorable Corazón.
   ¿Y a quién amó? A criaturas ingratas y culpables, indignas de ocupar uno solo de sus pensamientos. Nos vio como éramos, pobres, infelices, llenos de corrupción y de pecados. Por nuestra suma miseria nos amó. ¡Oh amor tiernísimo del Corazón de Jesús!
   ¿Y cómo nos amó? No como aman los hombres, ni como aman los Ángeles, ni como ama la misma Virgen María. Nos amó como sólo puede amar El; con amor eterno, infinito, divino, amor del Corazón de un Dios.
   ¡Oh Pobre corazón mío! ¡Qué nobleza la tuya! Has sido amado a pesar de tu miseria por el Corazón de todo un Dios! ¿Conoces ¡oh hombre! hasta qué punto te ha engrandecido Dios, haciéndote objeto de su amor?
   Medítese unos minutos,
II
   ¿Y qué pide el Corazón de Jesús en cambio de este amor? No pide nuestra vida, nuestra salud ni nuestras riquezas. Pide sólo el amor de nuestro corazón. Pide sólo ser amado, no como merece El, sino como podemos amar nosotros con nuestro pobrecito corazón. Con una gotita del nuestro se contenta Él, a trueque del océano que nos da del suyo.
   Tengo sed, clama desde este sagrario, como desde la cruz. Tengo sed de vuestro amor. ¡Ah! ¡hermanos míos! ¡amigos míos! ¡no nos hagamos los sordos a este grito amoroso del Corazón de Jesús! ¡Amemos al Sagrado Corazón!
   ¿Y cómo se le ama? Se le ama guardando su ley, procurando seguir sus inspiraciones, buscándole amigos que le quieran, ganándole almas que un día sean con El dichosas, evitándole injurias y menosprecios, desagraviándole por ellos. Así se aman los hombres unos a otros. Así debemos amar a Jesús.
   ¿Qué haces tú por aquel padre, por aquella esposa, por aquel hermano, por aquel amigo a quien amas tanto? ¿Cómo les hablas? ¿Cómo les sirves? ¿Cómo les contentas? Pues bien; haz lo mismo con el Corazón de tu buen Jesús, y estará satisfecho de ti.
   ¡Ay de ti si no le amas por lo menos de esta suerte! ¡Infeliz! Deberás aborrecerlo por toda la eternidad.
   Medítese y pídase la gracia particular.

Oración y Acto de Consagración

VIERNES DE LA OCTAVA SEMANA T.O.


VIERNES DE LA OCTAVA SEMANA

PRIMERA LECTURA

Sed buenos administradores de la múltiple gracia de Dios

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 4, 7-13

Queridos hermanos:
El fin de todas las cosas está cercano.
Sed, pues, moderados y sobrios, para poder orar.
Ante todo, mantened en tensión el amor mutuo,
porque el amor cubre la multitud de los pecados.
Ofreceos mutuamente hospitalidad, sin protestar.
Que cada uno, con el don que ha recibido,
se ponga al servicio de los demás,
como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios.
El que toma la palabra, que hable Palabra de Dios.
El que se dedica al servicio,
que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios.
Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo,
a quien corresponden la gloria y el poder
por los siglos de los siglos. Amén.
Queridos hermanos:
No os extrañéis de ese fuego abrasador que os pone a prueba,
como si os sucediera algo extraordinario.
Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo,
para que, cuando se manifieste su gloria,
reboséis de gozo.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 95, 10. 11 -1 21- 13

R.  Llega el Señor a regir la tierra.
Decid a los pueblos: El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente. R.
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R.
Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R.


EVANGELIO

Mi casa se llama Casa de Oración para todos los pueblos. Tened fe en Dios

+ Lectura del santo Evangelio según San Marcos 11, 11-26

Después que la muchedumbre lo hubo aclamado, entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo, y, como era ya tarde, se marchó a Betania con los Doce.
Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre.
Vio de lejos una higuera con hojas, y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.
Entonces le dijo:
–Nunca jamás coma nadie de ti.
Los discípulos lo oyeron.
Llegaron a Jerusalén, entró en el templo, se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas.
Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.
Y los instruía diciendo:
 –¿No está escrito: Mi casa se llama Casa de Oración para todos los pueblos? Vosotros en cambio la habéis convertido en cueva de bandidos.
Se enteraron los sumos sacerdotes y los letrados, y como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su enseñanza, buscaban una manera de acabar con él.
Cuando atardeció, salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús:
–Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
Jesús contestó:
Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: «Quítate de ahí y tírate al mar», no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá.
Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis.
Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.

Palabra del Señor.

SAN IÑIGO, Abad


1 de Junio
SAN IÑIGO, 
Abad

  San Iñigo, decoroso ornamento de la Orden de San Benito, nació en Calatayud, ciudad antiquísima y muy noble de la corona de Aragón. Sus padres fueron mozárabes, esto es, cristianos mezclados con los árabes, los cuales dieron a Iñigo una educación conforme a las piadosas máximas del Evangelio. Llegado el ilustre joven a edad competente, dejó su patria, sus padres y sus cuantiosos bienes, y se retiró a los montes Pirineos, donde pasó algún tiempo en la contemplación de las grandezas divinas; mas llegando a su noticia la santidad de los monjes que vivían en el célebre monasterio de san Juan de la Peña, establecido en lo alto de las montañas de Jaca, resolvió abrazar la regla de san Benito. Hecha ya su solemne profesión, cuando era amado y venerado de todos los monjes por sus eminentes virtudes, alcanzó licencia del esclarecido abad, llamado Paterno, para retirarse a un espantoso desierto de las montañas de Aragón, donde resucitó con sus austeridades las imágenes de penitencia que se leen de los solitarios de la Tebaida, de la Nitria y de la Siria; y donde atraía a gran número de gentes que aprovechaban sus saludables instrucciones. Mas habiendo fallecido por este tiempo el primer abad del monasterio de Oña, llamado García, y deseando el rey Sancho nombrar un digno sucesor del difunto, envió tres veces embajadores al santo para que aceptase aquel cargo y aun pasó el mismo rey personalmente al desierto y logró al fin rendirle y traerlo consigo a aquel monasterio. En su gobierno practicó con gran eminencia todas las virtudes del más perfecto prelado, a los pobres oprimidos pagaba sus créditos, buscábales para mantenerlos y vestirlos, libró a muchos presos de las cárceles, redimió cautivos y obró esclarecidos milagros. Cuando le acometió su última enfermedad en un pueblo llamado Solduengo y tomó al anochecer el camino para Oña a fin de consolar a sus hijos, se le aparecieron dos ángeles en figura de dos hermosísimos niños vestidos de blanco con sus hachas encendidas, los cuales le acompañaron hasta el monasterio. En la hora de su muerte se llenó el ámbito de su celda de un resplandor celestial y se oyó una voz que dijo: Ven, alma dichosa, a gozar de la bienaventuranza de tu Señor. Celebráronse con gran pompa sus funerales, y no sólo los cristianos, sino también los judíos y los moros concurrieron a sus exequias y rasgaron sus vestiduras con grandes muestras de sentimiento.

REFLEXIÓN
  
   El abad Juan, sucesor del santo, decía de él en su oración fúnebre estas palabras: "Hemos visto, hermanos, llenos de espiritual consuelo, y entre lágrimas y sollozos como ha sido arrebatado el justo de esta vida.. No habrá lugar tan remoto en el mundo, al que no haya conmovido el tránsito de nuestro santísimo padre Iñigo, ni sitio tan ajeno de religión cristiana, donde no se llore su muerte. Llora la Iglesia de haber perdido tal sacerdote, pero se alegra el paraíso habiendo recibido tan gran santo: lloran los pueblos, pero se alegran los ángeles, gimen las provincias, pero triunfan los coros celestiales en la recepción de aquel varón santísimo, que deseaba diariamente volar a ella cuando decía: ¡Cuán amables son, Señor Dios de las virtudes, tus tabernáculos! (Ps. 83). ¡Ojalá que nuestra muerte sea también la muerte de los justos, llorada de los buenos y celebrada de los ángeles! ¡Oh, cuán prudentes y dignos de toda alabanza son los hombres que considerando como negocio principal del hombre el negocio de la virtud, emplean su vida en obrar el bien y edificar a sus semejantes! 

ORACIÓN
    Háganos: Señor, agradables a ti, como te lo pedimos, la intercesión de san Iñigo abad, para que por su patrocinio alcancemos lo que no podemos esperar de nuestros propios méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

jueves, 31 de mayo de 2012

31 de mayo Fiesta de La Visitación de la Virgen María


31 de mayo
La Visitación de la Virgen María
Fiesta
PRIMERA LECTURA
El Señor será el rey de Israel, en medio de ti
Lectura de la profecía de Sofonías  3, 14-18
Regocíjate, hija de Sión;
grita de júbilo, Israel;
alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha cancelado tu condena,
ha expulsado a tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel,
en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén:
«No temas, Sión,
no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, en medio de ti,
es un guerrero que salva.
El se goza y se complace en ti,
te ama y se alegra con júbilo
como en día de fiesta.»
Apartaré de ti la amenaza,
el oprobio que pesa sobre ti.
Palabra de Dios.

O bien:

Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 9-16b

Hermanos:
Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno.
Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo.
En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes.
Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.
Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.
Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.
Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad.
Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.
Palabra de Dios.

Salmo Responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 6b)

R. Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.
El Señor es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R.
Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel.» R.

Aleluya Cf. Lc 1, 45
Dichosa tú, Virgen María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

EVANGELIO

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, Maria se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
–«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo:
–«Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del Señor.